Bolívar y Colonia 4711

Bolívar y Colonia 4711

Por: Jorge Mier Hoffman

El perfume es producto de una mezcla de aceites aromáticos, alcohol y un fijador, que es utilizado para proporcionar un duradero aroma. Su origen se remonta a la prehistoria, cuando el hombre lograba extractos de flores para cubrir el mal olor, tal cual se popularizó en Francia, cuando las heladas restringían los baños a las damas de la aristocracia, principalmente, y fue necesario hacer uso de fragancias para espantar el mal olor en los pasillos de la Corte

Fue así como se popularizó la industria del perfumen en Francia, convirtiéndose en un producto de exportación que generaba importantes divisas que no quería compartir con la competencia, a propósito de la expansión napoleónica por Europa, siendo el Agua de Colonia 4711 una de las pocas sobrevivientes al cierre de perfumerías ordenadas por Napoleón Bonaparte. Según el novelista Alejandro Dumas (hijo): “Por esa época todo el mundo se bañaba en perfumes excepto, los filósofos, que preferían diferenciarse por su mal olor, aunque muchos de ellos sucumbieron también en la tentación de usarlos”

Cuenta la historia, que el 8 de octubre de 1792 un monje cartujo le obsequió al comerciante Wilhelm Muehlens un singular regalo de boda: Se trataba de la fórmula secreta de un agua maravillosa con una agradable fragancia dulce que cautivaba por su olor penetrante.

Wilhelm creyó desde el inicio que esta particular fórmula tendría mucho éxito, y en consecuencia de inmediato abrió una manufactura de la singular fragancia, contando entre sus aficionados a artistas de la talla de Goethe y Wagner. Dos años después, en tiempo de la ocupación francesa en Alemania, Napoleón ordenó que todas las calles fueses numeradas correlativamente, para así poder acantonar a su ejército en el control de la ciudad de Colonia, pintoresco caserío fundado por los romanos a orillas del río Rin, correspondiéndole a la casa de Wilhelm Muelhems el número 4711, que daría nombre al Agua de Colonia.

En 1810 Napoleón Bonaparte ordenó cerrar las fábricas de perfumes en las naciones ocupadas, para proteger el perfume francés que pretendía la exclusividad del mercado de la fragancia. Es así como llegaron a una factoría de cuatro pisos a la que habían censado con el número 4711. Cuando interrogaron al dueño sobre el agradable olor que se percibía en el ambiente, éste para evitar que lo cerraran, como venían haciendo los soldados en otras factorías, les dijo: “¡¡¡No por favor!!!… eso que huelen no es perfume, es un agua medicinal para frotar el cuerpo y aliviar los dolores… ¡¡¡Es Agua de Colonia!!!”… y así surgió el agua medicinal que cautivó al Libertador, en la oportunidad en que estuvo en la ciudad de Hamburgo, cuando se preparaba a viajar a Estados Unidos en 1806, puesto que Hamburgo era la ciudad portuaria más importante de toda Europa, ya que desde el 1550 allí llegaban muchos de los bienes que se importaban del Nuevo Mundo.

¡¡¡Bolívar veintidós años después!!!

Son las 6:00 de la mañana en las laderas del valle de Bogotá al pie del cerro Monserrate, donde se encuentra una espectacular casa de campo conocida como la Quinta de Bolívar. Fue construida por Don José Antonio Portocarrero en el año de 1800, sobre los cimientos donde una vez estuvo un molino, y luego la casa del cura de la iglesia de Bogotá… Desde 1821 la quinta fue habitada por Bolívar como un obsequio que le hacía la capital a su Libertador… Justo en el remanso de la montaña, Bolívar hizo construir una alberca forrada de azulejos, que se alimenta de las heladas aguas que bajan de la montaña, para disfrutar sus baños matutinos que erizaban los pelos a sus oficiales: cuando el frió entumecía los huesos y la neblina cubría el valle, sólo el Libertador es capaz de soportar las terribles temperaturas que le ponen la piel morada, pero que tanto disfruta, mientras su secretario y edecanes cumplen las ordenes que gira su excelencia inmerso en las frías aguas, leyendo la correspondencia oficial… Con el ceño fungido muestra su desagrado, gesto más que elocuente para que su secretario del interior, el historiador José Restrepo, tome nota de la respuesta que se debía dar… Son ademanes que conocen muy bien los más allegados a su excelencia, con quienes comparten la responsabilidad del gobierno de Colombia… Luego del helado baño de montaña, cubre su cuerpo con ese aroma dulce característico del agua de colonia alemana, que se adelantaba anunciar la presencia del Libertador en cualquier lugar donde llegaba.

A las 11:00 Bolívar y su mayordomo, José Palacios, se dirigen a la caballeriza para asegurarse que los caballos se bañaron, comieron, se les revisaron las herraduras, y le fueron peinadas las crines y colas… Personalmente Bolívar chequea las correas de la silla de montar y se asegura que estén bien amarradas ¡¡¡Y antes de montar!!! “a bautizar al palomo” – dicen de manera jocosa sus oficiales, al momento en que Bolívar rocía su caballo con el característico aroma de Colonia 4711, que no sólo lo caracterizaba a él, sino también a sus bestias y hasta sus perros… Sus soldados hacían bromas en caso de caer prisioneros, ya que para el enemigo ubicar al General Bolívar no sería nada difícil con sólo seguir la fragancia del perfume alemana. Tal era la fama del Libertador y su inseparable fragancia del Agua de Colonia, que se hizo célebre entre sus soldados, decir, cuando se proponía exagerar el gasto que una persona hiciera en el consumo de determinado artículo de no imperiosa necesidad, “hombre, usted gasta en cigarrillos (por ejemplo) más que el Libertador en agua de Colonia”.

Qué Simón Bolívar cuidase mucho del aseo de su personal, con la exageración de bañarse dos y tres veces al día, y que consumiera diariamente hasta un frasco de Agua de Colonia, es una demostración de la pulcritud como también manejaba los asuntos públicos y militares, sólo perturbado, en una oportunidad, durante los cuatro años de su permanencia en el Perú, cuando tuvo el Tesoro Nacional que pagar ¡¡ocho mil pesos!!! invertidos en Agua de Colonia 4711 “para uso y consumo de su excelencia el Libertador, gasto que corre parejas con la partida aquella del Gran Capitán: En hachas, picas y azadones, tres millones”… Reparo fiscal que se le hizo al Libertador, cuya copia desapareció en un voraz incendio ocurrido en los Archivos del Tribunal Mayor de Cuentas en 1884.

Otra de las anécdotas de Bolívar y su adicción al Agua de Colonia 4711, la escribió su médico de cabecera en Santa Marta, Alejandro Próspero Révérend, cada vez que entraba a su habitación del enfermo, y Bolívar rociaba el ambiente con el dulce aroma, al momento que le decía “Usted huele a remedio”.

En mi curiosidad, traté de hallar el interés de Bolívar en esa colonia alemana, dada la afición del Libertador a costumbrismo francés, y encontré un razonamiento interesante:

“En aquella época, la colonia 4711 no se vendía como fragancia o perfume, sino como agua medicinal, que a su vez tenía un aroma dulce, porque así lo exigió Francia en la oportunidad en que sus tropas llegaron a la localidad de Colonia. Y como agua medicinal se popularizó el uso de la colonia 4711. La gente se bañaba de agua de colonia 4711 cuando tenía fiebre y se frotaba los golpes, asegurando que ello aliviaba el dolor. También se decía que agua de colonia frotada en el cabello aliviaba la picazón de pulgas, y frotada, previamente calentada, sobre el vientre, también aliviaba el malestar del período menstrual de las mujeres ¡¡¡y lo más importante!!! era la fragancia más económica del mercado, ya que los perfumes francés eran muy costosos y acaparaba la atención de damas y caballeros. Mi suegro Antonio Medina, quien fue un apasionado de la historia bolivariana, se enorgullecía rociándose del Agua de Colonia 4711, diciendo: hoy huelo Bolívar”

Por lo tanto no es de extrañar que Bolívar, quien sí creía en los remedios naturales, más no en los medicamentos de botica, usara el agua de colonia 4711 en sus largas travesía, y con ella también ahuyentara las pulgas y el mal olor de la bestia que montaba en sus largos caminos de selva y montaña.

LA COLONIA 4711 EN LA HISTORIA

Estimado Sr. Mier Hoffman Y Sr. de Wekker:

Ante todo un cordial saludo. Les agradezco muchísimo sus prestísimas y desinteresadas respuestas a mis inquietudes. Quisiera compartir con ustedes algunos de mis últimos hallazgos.

Le he escrito al Sr. Johann Maria Farina en Colonia (pariente y octava generación de la familia Farina encargado de la compañía hoy en día) quien me ha puesto en contacto con la oficina de archivos de la compañía. Y me ha respondido lo siguiente: “Laut unseren Unterlagen benutzte Simón Bolívar 1820 Farina Eau de Cologne” (según nuestros archivos Simón Bolívar usó en 1820 la agua de colonia Farina).

Igualmente le he escrito a la compañía encargada de la marca 4711 Echt Kölnisch Wasser y me ha respondido lo siguiente: “Wir haben die ehemaligen Muelhens-Marken Anfang 2007 von Procter&Gamble übernommen. Weder in den uns vorliegenden Unterlagen noch in den Archivunterlagen beim RWWA in Köln ist etwas über Simón Bolívar zu finden. Er ist bereits 1830 verstorben und aus dieser Zeit liegen keine Kundenverzeichnisse o. ä. vor. Auch in späteren Unterlagen wird er nicht als früherer Kunde erwähnt” (En el año 2007 hemos adquirido de Procter& Gamble las marcas que original pertenecían a la casa Muelhen- fundadora de la colonia 4711. No hemos conseguido en nuestros archivos ni en los Arhivos Económicos de Renania del Norte en Colonia nada sobre Simón Bolívar. Está muerto desde 1830 y no tenemos ningún directorio de clientes previos a esa fecha. En los archivos sobre años siguientes tampoco hay ninguna referencia a Simón Bolívar como antiguo cliente).

Le he pedido al Sr. Farina y a los encargados de sus archivos si es posible que me enviasen una copia del registro que demuestra que Simón Bolívar fue cliente de la agua de colonia Farina.

Esto por supuesto no cierra la posibilidad de que Bolívar haya usado la colonia 4711. Simplemente nos dice que no la compró directamente a la casa matriz de la compañía. Sin embargo me parece muy interesante la confirmación del Sr. Farina por varias razones: a) el aroma de estas colonias, a pesar de tener ambas una esencia de limón y naranjas, es en realidad muy distinto uno del otro. b) Farina, fundada en 1709, fue la colonia predilecta de muchas de las casas reales de Europa (les anexo la lista de antiguos clientes famosos de la casa Farina, de la cual creo que saldrá pronto una actualización donde aparecerá Simón Bolívar). c) La colonia 4711, fundada en 1803, fue originalmente una copia de la fragancia Farina y trás varias peleas legales fue forzada a cambiar de nombre. La popularidad de la colonia 4711 es mucho mayor que la Farina original, y su precio contribuye a que así sea. Una botella de 50ml de Farina cuesta 60 EUR. La misma cantidad de 4711 cuesta 16 EUR.

Cuando tenga más información se las haré llegar.

Cordialmente,

Camilo Daza – 09 /07/ 2009

Estimados Sr. Mier Hoffman y Sr. de Wekker:
 
Reciban mis más cordiales saludos desde Hamburgo. Les escribo en esta oportunidad para enviarles el artículo final que he escrito sobre los 300 años de la casa Johann Marian Farina y que la revista GP (Guía Platinum) de Caracas ha publicado en enero de este año. De igual manera quisiera expresarles nuevamente mi más profundo agradecimiento por sus amables respuestas y generosa colaboración.
 
Cordialmente,
 
Camilo Daza Tapia- 03 /02/ 2010

 

 

1 Comentario

  1. Ahora no solo seguire usando esta fragancia por su aroma exquisito sino tanbien para tener un poco de historia a mi alcanse


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    Esta Sección complementa la Sección “Bolívar un Enigma Americano” donde se presentan artículos referidos a la magia y el misterio que envuelven la Gesta Libertador de Simón Bolívar. Ambas Secciones constituyen un legado del Libertador, que ahora está al alcance del CIBERESPACIO, para profundizar en la BOLIVARIANOLOGÍA, como yo llamo a esa ciencia inédita que nos introduce en el interesante pasado americano, donde ese venezolano de nacionalidad continental llamado Simón Bolívar, fue el redentor de la extintas civilizaciones americanas, para convertirse en un Mesías que nos trajo, no sólo la libertad, el gentilicio y la nacionalidad, sino la Doctrina de una Religión que profesamos todos los nacidos o asimilados a estas prodigiosas tierras americanas: el BOLIVARIANISMO Por: Jorge Mier Hoffman
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