Objetos Perdidos de Bolívar

EN BUSCA DE LOS OBJETOS PERDIDOS DE BOLÍVAR

Por: Jorge Mier Hoffman

La historia bolivariana fue escrita por hombres y mujeres que dieron sus vidas por un ideal revolucionario… Fue una gesta gloriosa que materializó Simón Bolívar en seis naciones, que hoy llevan la firma indeleble de la independencia, de cuya historia recogemos en objetos como piezas invalorables que perpetúan una obra inmortal, los cuales son buscados afanosamente al mejor estilo de las aventuras del personaje cinematográfico de Indiana Jones, representado por antropólogos, arqueólogos, historiadores, anticuarios, comerciantes, admiradores y mercenarios de adinerados coleccionistas… Producto de esa larga etapa emancipadora, los objetos, el arte, la música y la cultura en general, se convierten en presencia energética e historia viviente que nos incita a recordar la Epopeya Bolivariana en todo su esplendor, como un gesto de veneración, respeto y agradecimiento, cada vez que los apreciamos expuestos para perpetuar su existencia: museos, bibliotecas, salones oficiales, plazas públicas, y en gran medida, entre las pertenencias de coleccionistas privados o anticuarios que comercian con la historia.

Muy recientemente en el 2005, fueron subastadas por la Casa Christie’s en Nueva York, dos pistolas que se dice pertenecieron a Simón Bolívar, y fabricadas por Nicolas-Noël Boutet… El monto de la subasta fue un récord mundial en armas antiguas. Fue comprada en anonimato por el increíble precio de 1.6 millones de dólares, o sea: CUATRO MIL MILLONES DE BOLÍVARES, según la Nota Histórica que leyó el anticuario cuando inició la subasta en 600 mil dólares:

“Las pistolas, labradas en oro, fueron entregadas por Manuela Saenz, el amor de toda la vida de Bolívar, al inmigrante inglés Ricardo Illingworth, amigo y compañero de confianza. Fueron hechas a la medida para el caudillo sudamericano por Boutet, uno de los fabricantes de pistolas más célebres del siglo XIX en su taller de Versalles, Francia”

Según la nota de prensa, las pistolas tienen una inscripción con los corazones de la pareja entrelazados… Se dice además, que son pistolas de uso personal, para llevar en el cinto o para duelos… Sin embargo hay un hecho curioso sobre estas pistolas, a los fines de determinar su autenticidad: Bolívar Rechazaba las armas de pólvora y las pistolas, por considerarlas indignas del valor que exigen los duros combates cuerpo a cuerpo y hombre a hombre. Los retazos históricos poco dicen de las armas que utilizaba Bolívar; y quizás lo narrado por Manuela en el atentado de la noche septembrina, es un caso aislado donde se señala a Bolívar con pistola en mano; y por su condición de Presidente y Jefe Supremo del Ejército Libertador, es poco probable que Bolívar incursionara en duelos al amanecer, al mejor estilo de las películas épicas. Quizás lo narrado por Bolívar sobre el atentado en Jamaica, es el único relato cierto donde confesó usar armas de fuego:

“La turbación de Pio me hizo entrar en sospecha; le hice dos o tres preguntas, y quedé convencido de que él era el asesino, sin saber todavía quien era la víctima. Tomé al momento una de mis pistolas y le dije entonces a Andrés que amarrara a Pio” Simón Bolívar

Las Cartas de Bolívar continúan siendo las predilectas en las subastas, de las cuales se conoce el contenido de un poco más de tres mil, aunque se estiman en más de diez mil las cartas de Bolívar, estando la mayoría en manos de coleccionistas privados y potentados que se jactan de poseer tan invalorables escritos… El Archivo Personal del Libertador data del 1813, cuando Simón Bolívar, aún en sus tiempos de brigadier, comenzó a acopiar y clasificar la correspondencia que recibía, junto a borradores de cartas enviadas.

Bolívar viajaba a todas partes con su archivo como un objeto precioso e invalorable

Los edecanes del prócer, luego de su muerte, se dieron a la tarea de continuar la recopilación de los documentos bolivarianos. Esta documentación es el testimonio directo de la vida y gesta del Libertador y de parte de la historia de las repúblicas que libertó, además de ser un conjunto excepcional de fuentes para el estudio de la historia social y de las ideas revolucionarias del siglo XIX; el archivo contempla:

Daniel Florencio O’Leary: 54 tomos

Archivo Nacional y otras fuentes: 46 tomos

Don Juan de Francisco Martín: 65 tomos

Juan Bautista Pérez Soto: 43 tomos

Donación París del Gallego: 37 tomos

Archivo de Sucre: 17 tomos

Archivo de Revenga: 18 tomos

Los 280 tomos del Archivo del Libertador están custodiados desde 1.999 por la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, institución que ha iniciado labores de rescate y conservación de la totalidad de la documentación contenida en ellos. Debido a la trascendencia de la figura de Simón Bolívar para la historia universal y a la importancia que el Archivo del Libertador reviste para su estudio, en 1.997 la UNESCO decidió incluirlo como parte de su programa Memoria del Mundo.

Muchas de las Cartas en poder de los coleccionistas privados, proceden de ese Archivo Personal que siempre acompañó al Libertador, y que recopiló en 10 baúles que quedaron en custodia del Señor Juan Bautista Pavageau, cuando el destino de Bolívar ya estaba escrito en Santa Marta donde moriría meses después… Muchas de esas cartas que se exhiben en subasta pública, constituyen un sacrilegio a la memoria de Bolívar, puesto que el Libertador ordenó destruirlas, según lo señala la cláusula 9º de su testamento:

“Ordeno, que los papeles que se hallan en poder del Sr. Pavageau, se quemen”

Muy recientemente, en el 2005, la embajada de Venezuela en Londres, compró una de estas cartas en una subasta que realizó la Casa Bonhams… Se trata de una Carta de Bolívar fechada en febrero de 1819, que formaba parte de una colección privada inglesa. Aun cuando no se supo el monto final, la subasta se inició en 6.000 libras esterlinas, equivalente a unos DIECIOCHO MILLONES DE BOLÍVARES.

Así lo indicó el anticuario al momento de iniciar la puja: “La importancia histórica de esta carta, reviste en que la misma no aparece publicada en las obras completas de El Libertador. Se trata de una carta que escribe Bolívar a su amigo y corresponsal británico, Guillermo White, el 21 de febrero de 1819, donde el libertador describe el progreso de su campaña de independencia en Venezuela”

Sillas, espuelas, plumas, sombreros, espadas, entre muchos objetos, figuran en las listas a subastar a nivel mundial, y que se dicen del Libertador, entre otra gran cantidad de objetos que ya han sido subastados… hasta una pipa..! que se dijo pertenecía a Bolívar, cosa incierta, ya que es sabido que Bolívar detestaba el humo del tabaco, y los puros que fumaba su compañera Manuela Sáenz, fueron objeto de caloradas discusiones entre la pareja… Todo esto significa, que poseer un artículo del siglo XIX, ya de por sí tiene un alto valor monetario importante, el cual adquiere un valor agregado adicional si se le atribuye a Simón Bolívar, cosa que tratan de hacer los especialistas anticuarios a cualquier precio, ante una demanda creciente de objetos bolivariano, la falta de un listado de objetos autenticados, una historia bolivariana inmersa en las tinieblas de la tergiversación mediática, y una clase elitesca que se atribuye la voz oficial de Bolívar, a través de la Sociedad Bolivariana y los números de la Academia de la Historia.

Ver Link: Las Pipas de Simón Bolívar

http://www.simon-bolivar.org/Principal/bolivar/sb_las_pipas.html

Lo cierto de todo este asunto de subastas y objetos perdidos, es que Bolívar continúa de moda, como lo fue desde el primer momento en que se perfiló como el Libertador de un continente

Sus anécdotas acaparan la atención de los historiadores, para develar esos períodos inexistentes de una historia que fue destruida por los enemigos de su revolución… Apenas lo que escribió O´Leary y Perú De Lacroix, han permitido estructurar una historia comparada que se sustenta en las pocas cartas, escritos y manifiestos que sobrevivieron a la destrucción de su obra, luego que Bolívar fue declarado enemigo de la Patria, y una conjura de escritores se encargaron de tergiversar la Gesta Bolivariana, para legar a las futuras generaciones una verdad mediatizada de Simón Bolívar, de sus ideales y de su revolución… Prueba de ello es Perú, donde el nombre de su Libertador apenas se escribe en las memorias de su independencia, opacado por el prócer argentino, José de San Martín, no obstante su efímera participación en la guerra de independencia, ya que tuvo una pasada fugaz por la nación inca, para luego abandonarlos a su suerte, cuando su arrogancia de independencia despertó la codicia del ejército realista, obligando a Simón Bolívar dirigir una guerra encarnizada de varios años en el Perú, hasta lograr la aniquilación del ejército realista, gracias a las batallas emblemáticas de Junín y Ayacucho, que desterraron definitivamente a los españoles de América.

“El pueblo me adora, y yo seré el Arca de su Alianza” Simón Bolívar

La historia universal está repleta de objetos perdidos que buscan afanosamente los detectives de la historia… Un caso muy documentado está referido al Arca de la Alianza, históricamente buscada por todas las generaciones de cristianos, católicos y teólogos, que en el judaísmo se refiere a urna sagrada que permitía la comunicación terrenal con el mundo celestial… Mencionada con frecuencia en la Biblia, el arca es descrita en el Libro del Éxodo 25 como un cofre de madera de acacia que tenía una dimensión de 1,15 m de largo, y 0,69 m de ancho y alto; que podía transportarse por medio de listones largos dispuestos a los lados con dos querubines alados que decoraban su cubierta de oro puro. El arca se colocaba en el tabernáculo que albergaba la reliquia de Dios. Según diversas fuentes, el arca contenía la vara de Aarón, un cuenco de maná y las tablas de piedra del Decálogo correspondientes a los Diez Mandamientos que llevó Moisés. Hoy en día, en las sinagogas, el término “arca” designa el recinto para los pergaminos de escritura de la Ley utilizados en el servicio sagrado, cuyo significado era emulado por Bolívar en sus memorables discursos.

“Traigo el Arca de la salvación” Bolívar a Santander el 21 de febrero de 1821

Y en esa búsqueda de los objetos perdidos de la revolución bolivariana, comenzamos con un cuadro emblemático de Bolívar, cuando el 4 de abril del 2001 se dio la noticia pública de su desaparición del interior de la Casa Natal del Libertador… Se trata de una imagen de Bolívar con uniforme y mostacho, pintado por el artista Antonio Salas. Hasta ahora, salvo algún rumor, nada se sabe… No hay sospechosos ni cerraduras forzadas. Sólo quedó la sombra sobre la pared… Al sitio, en la calle empedrada entre las esquinas San Jacinto y Traposos, acudieron representantes de la División contra Robos de ese cuerpo y también un agente de la INTERPOL, para encontrar que no hubo en el lugar la menor seña de violencia, ni puertas forzadas, ni ventanas rotas: nada en especial… una limpia escena del crimen.

Al pintor Antonio Salas se le ha considerado el retratista de los generales de la Independencia de Ecuador… De hecho, el retrato hurtado de Bolívar no es el único con su rúbrica, lo pintó en las tres visitas que el Libertador hiciera a Quito, ya que él era amigo personal de Bolívar y quizás es el más popular de los retratos del Libertador. Pero no sólo su nombre ha estado envuelto en una situación fuera de la ley. Fue protagonista en persona de un crimen: la mañana del 19 de marzo de 1824, camino a la misa de seis, se tropezó con un borracho que le instó a compartir la botella hasta dejarlo totalmente ebrio. La mala suerte atravesó en su camino a la mulata Nicolasa Cansino, con quien extrañamente entabló una violenta discusión que terminó en violencia: la mató con un estilete y fue condenado a cinco años de destierro. Murió en 1860, a los sesenta años de edad.

¿..Quién se robó la pintura de Bolívar..?

“Manejamos dos posibilidades, o que haya sido un robo por encargo o que se trate de algún fetichista de la imagen del LIBERTADOR”

Así lo señaló el comisario Peña, quien además argumentó: “Otra persona hubiese hurtado algo más negociable”. Su colega Marisabel Jiménez aporta otro tanto: “Se sospecha que haya coleccionistas detrás de esto. O que, por el contrario, haya sido alguien que sencillamente la vio fácil y se la llevó. De cualquier manera, el caso está notificado a la oficina de INTERPOL en Francia, que centraliza todos los hurtos de obras de arte en el mundo”.

Según la comisaria, otros incidentes escasamente aireados también se habrían sucedido en la irrespetada casa natal del Libertador. De hecho, al momento de las reseñas sobre el cuadro de Antonio Salas, se haría mención del robo en 1996 de un medallón de oro que perteneciera a María Antonia, hermana de Bolívar, y de la desaparición años atrás de una pluma del Mariscal Sucre, también desaparecidas, y que forman parte de la búsqueda de objetos perdidos.

LA ESPADA DE LA PAZ

Mucho se ha hablado sobre las espadas de Bolívar: La espada Libertadora que le entregó Alexander Petión, presidente de Haití, al momento de encabezar la expedición libertadora que partió desde esa gloriosa isla, pionera en la emancipación americana, y que hoy se expone en el Museo Nacional de Historia del Perú… La fastuosa espada del Perú, que con su ornamento en piedras preciosas, plata y oro, debe ser resguardada en las bóvedas del Banco Central de Venezuela… La espada de campaña que Bolívar regaló en 1822 al nativo de Popayán, Rafael Arboleda, acompañada de la siguiente carta: “Estimado amigo y señor: Usted ha deseado tener un documento por el que conste que la espada que usé en la campaña del Sur de Colombia en el año de 1822, es la misma que tuve el gusto de presentar a usted como un gaje de mi estimación y verdadera amistad, en Guayaquil, cuando entré en aquella ciudad en el mes de agosto de 1822”, y hoy forma parte de un patrimonio familiar… La espada de caballería que Bolívar regaló al general Rafael Urdaneta, quien a su vez se la dio en custodia a su primo Francisco Urdaneta, y hoy constituye parte de objetos bolivarianos de colección privada… La espada de la discordia, que por cincuenta años se conservó en la Quinta de Bolívar en Bogotá, cuando el 17 de febrero de 1974, a las 5 de la tarde, un comando guerrillero del llamado M-19, sometieron al personal del Museo, y cargaron con la valiosa espada… Por 17 años la espada vagó sin que se supiera su paradero: prostíbulos, tabernas, panaderías, carnicerías, apartamentos, casas, haciendas, en fin, estuvo escondida en multitud de lugares, hasta que el 31 de enero de 1991, con motivo de la instalación de un Congreso Constituyente que pretendía devolver la justicia social a Colombia mediante un acuerdo de pacificación con las guerrillas, el M-19 devolvió la espada, y hoy se resguarda en las frías bóvedas del Banco de Colombia donde permanece escondida, ante el temor de que sea robada nuevamente, ya que la vociferada paz y justicia social tantas veces prometida durante la Asamblea Constituyente, terminó siendo otra farsas más de la oligarquía dominante de Colombia para develar a los rebeldes enemigos del poder económico… La espada de Ayacucho, que Bolívar ordenó con los más suntuosos materiales. Así lo describió O´Leary: “Por esos días llegó de Lima el Coronel Salazar, enviado por el Consejo de Gobierno a presentar al Libertador y al General Sucre, las magnificas espadas con que la municipalidad de aquella ciudad los obsequiaba en señal de su amor y gratitud”, de cuya espada sólo nos quedó la extraordinaria hoja de Damasco, que hoy se expone en el Museo de Magdalena en Lima Perú, ya que su pedrería fue robada luego del vil asesinado del Gran Mariscal Antonio José de Sucre… En fin, fueron extraordinarias espadas que simbolizaron la guerra… Pero que decir de la espada de la paz..! la que usaba Bolívar luego que colgó las espadas que lo acompañaron el múltiples batallas… Esa fue una singular espada que forma parte de los objetos perdidos de la gesta bolivariana… ESTA ES LA HISTORIA:

El 9 de diciembre de 1824, Antonio José de Sucre, con 6.000 soldados, se enfrenta y vence al virrey La Serna, quien guía 9.320 hombres, en el campo inmortal de Ayacucho, que en lengua quechua quiere decir Rincón de los Muertos… A partir de ese momento cambió la historia del continente, con la expulsión definitiva del poder español, y un despertar revolucionario que se extenderá hacia otras regiones que invocarán su independencia.

El Libertador inicia su guerra más difícil: organizar los miserables pueblos destruidos por la guerra

El siete de agosto de 1820, Bolívar marca su paso por Puno, al decretar la absoluta libertad del Perú… En su largo viaje por esas tierras incas, llega al gran Lago Sagrado, el Titicaca, donde surgió la mitología Inca con Manco Capac, que dio nacimiento a una de las civilizaciones más extraordinarias que haya conocido la humanidad… Se dice, que Bolívar meditabundo, contemplaba la grandiosidad de unas ruinas cíclopes, que fueron profanadas por la avaricia colonizadora, y que los lugareños reconocían como Tiahuanaco, la más milenaria y la más antigua de las ciudades incas… y así fue señalado por los cronistas:

“Los clarines de Junín lanzaron su grito de bronce sobre el Lago Sagrado. El Libertador partió para recorrer sus ruinas milenarias, entre una ovación frenética del pueblo agradecido, que en su lengua aymará, repercutió en el aire delgado y glacial del altiplano andino, que llenó su desolación con el clangor de cien batallas”

Durante el recorrido que hizo el Libertador a las misteriosas ruinas de Tiahuanaco, de singular significación fue la visita que hizo al Templo del Sol, sobre una mítica isla del lago Titicaca, que se dice fue la cuna de Manco Capac, lo cual fue referido en una carta del Fiscal de Santiago de Titicaca:

“Agosto, 13 de 1825. Tengo el placer de comunicarle que S.E. el Libertador fue a visitar la Isla Titicaca, cuna del Padre de los Incas. El coronel de Buenos Aires, Ayres O´Brien, se ha cubierto de laureles en las márgenes del Plata, adquiriendo por su valor e intrepidez varias insignias que caracterizan en honor militar, tuvo bastante fuerza de alma para despojarse de todas ellas, y depositarlas debajo de las ruinas del templo consagrado en otros tiempos por los incas al astro que da vida a la naturaleza”

Las fabulosas ruinas del Templo del Sol, antes de sufrir la profanación de los buscadores de tesoros, al mejor estilo de Indiana Jones, en la época que las visitó el Libertador, fueron descritas por un viajero francés:

“La isla sólo tiene un monumento, orientado hacia el mediodía, mirando el estrecho de Tiquini. Este edificio tiene muros de 20 m construidos sobre una base. La fachada está dividida por once ventanas rectangulares que, desde lejos, parecen huecos y de cuatro puertas con umbrales inclinados sobre montados por capiteles de un verdadero estilo egipcio. Dos de estas puertas son reales, las otras son simuladas, como son las tres puertas de los lados laterales. Los lienzos de muros, todavía en pie, que se ven a la derecha del edificio, testifican que, a ejemplo de los templos dedicados al Sol, este de Titicaca tenía un gran número de anexos en donde los sirvientes del culto Inti-Churi, cuyas cifras en Cuzco se elevó a tres mil, eran alojados, nutridos y cómodamente mantenidos para la mayor gloria de este Dios”

En ese lugar de tanta significación para honrar la libertad de un pueblo que fue exterminado, sometido y esclavizado por 300 años, Simón Bolívar desenfunda su espada que simbolizaba la paz y la justicia luego de tanto batallar, para colocarla sobre un improvisado altar milenario, donde el incienso homenajeaba al Padre Sol, y a los fundadores del imperio redimidos por su espada.

Por mucho tiempo la espada de la paz era venerada por los visitantes a la isla del Sol, hasta que desapareció, y hoy forma parte de algún coleccionista privado, y hasta es posible, que sea guardada celosamente por algún descendiente inca que vive sobre las islas artificiales, de junco de Totora, que fabrican los pobladores del Lago Sagrado.

LOS PAPELES SEDICIOSOS DE MIRANDA

Miércoles 19 de marzo de 1806… Es una mañana soleada con una refrescante brisa de mar y un suave oleaje, que vaticinan un viaje tranquilo… La vela principal muestra flamante una bandera tricolor: amarillo, azul y rojo, que el venezolano Francisco de Miranda observa desde la proa del “Leander”, anclado en el puerto de Jacmel, barco que bautizó por con el nombre de su pequeño hijo… Cajas y bultos llevan las provisiones para la invasión de Venezuela que proyecta realizar desde las playas de Ocumare… Destaca la presencia del especialista en litografía, el señor Miles L. Hall, quien personalmente cuida una valiosa máquina de prensa y manivela para reproducir textos litográficos de importante impacto revolucionario. Se trata de una imprenta, como años más tarde dirá Bolívar:

“La imprenta es tan útil como los pertrechos y ella es la artillería del pensamiento” Simón Bolívar

Con esta imprenta, Miranda proyecta divulgar el pensamiento revolucionario, será la pluma que escribirá los lemas de la revolución, e imprimirá los dibujos que incitarán al pueblo analfabeta a sumarse de manera entusiasta a esta guerra que parte desde Haití.

Cajas con papeles sediciosos, ya impresos, iniciarán la guerra mediática que pretende llevar a cabo Miranda en su estrategia de invasión…

Pero espías en Haití alertan en Caracas de los planes, y ya la Capitanía de Venezuela tiene preparada una sorpresa… Dos de los tres barcos caen en manos de los españoles, cuando sigilosamente los barcos de Miranda navegaban por las costas venezolanas… El “Leander” logra aprovechar el viento de norte para perderse entre la bruma del mar, dejando atrás a los compañeros que son apresados… Algunos son colgados, allí en el mástil principal, al estilo de los piratas capturados… Del resto, sólo diez son elegidos para la ejecución en Puerto Cabello, donde son llevados los prisioneros… En un acto de congregación popular, se ordena una inmensa hoguera alimentada con los papeles sediciosos de la “Proclama de Miranda”, cuando se lanza al fuego las banderas tricolor tomada junto con los pertrechos de guerra.

¡…No sobrevivió una copia..!

Se dice que fueron dos mil las que alimentaron la hoguera… Con seguridad se salvaron de las llamas las copias que permanecieron en el “Leander”, las cuales deben encontrarse entre papeles mezclados de algún anticuario o historiador en Haití, donde regresó Miranda luego que fracasó en sus dos intentos de invasión… o quizás, en alguna vieja biblioteca de Londres, donde El Precursor llegó derrotado en sus ambiciones de liberar a Venezuela. Afortunadamente, sus cartas fueron rescatadas de un barco inglés en 1812 que las llevó a Inglaterra; posteriormente compradas por el gobierno venezolano, y hoy forman parte de la Academia de la Historia de Caracas.

…y así como se está a la búsqueda de la Proclama de Miranda, los científicos están a la búsqueda de la osamenta de tan insigne venezolano, luego que su cuerpo fue arrojado a una fosa común en la cárcel de Cádiz en España el 14 de julio de 1816… Y en espera de ese glorioso momento, el Panteón Nacional expone una urna de mármol con su nombre

UN DATO CURIOSO: entre los capturados en aguas de Ocumare, se hallaban cinco tipógrafos, de los cuales su director, el más veterano, Miles L. Hall, fue ahorcado el 21 de julio de 1806 en el patio del castillo de Puerto Cabello, y su cuerpo, junto a otros nueve compañeros, fueron descuartizados y sus restos alimentaron los tiburones de la bahía, ante la expectativa de la población que observaba desde el muelle… Esa misma imprenta dispuesta por Miranda para bombardear de ideas a una población sumida en la conformidad, irónicamente fue la misma que utilizaron Mateo Gallagher y Jaime Lamb para imprimir el 24 de octubre de 1808 el primer ejemplar realista de la Gazeta de Caracas, que reafirmaba el adoctrinamiento colonizador.

Un monumento a la memoria de estos diez soldados de Miranda, erigió Joaquín Crespo en 1896, en el sitio conocido como Plaza El Águila

LOS OBJETOS PERDIDOS DEL PADRE TORRES

Bolívar tuvo para sus capellanes una atención especial, quienes atendían la espiritualidad de los hombres, ayudaban en el censo que hacía el ejército libertador por su paso en los miserables caseríos, cumplían funciones de maestros para los niños que viajaban con la caravana patriota, llevaban paz y tranquilidad en las misas improvisadas, cumplían la difícil tarea de los entierros inevitables en las batallas, y muchas veces fungían de médicos para atender a los enfermos… En un banquete de los más altos oficiales de Bolívar, visiblemente alterado, regaño al coronel Escuté, Jefe del Estado Mayor del General Páez, que ante la multitud irrespetó al Capellán… Las palabras aleccionadoras de Bolívar fueron recogidas por los cronistas de la época:

“Señor Escuté, está usted todavía con las manos tintas en sangre americana, pues acaba usted de salir de las filas españolas… y a pesar de ello:

¿.. y se atreve usted a insultar a mi capellán y a faltarme el respeto a mí que soy el Presidente de Colombia..?

¿..Piensa usted que no recuerdo que en Semen mandaba usted una compañía de cazadores realistas..?

Aquí no hay más autoridad ni más poder que el mío; yo soy como el Sol entre mis tenientes, que si brillan es por la luz que yo les presto”

Pedro Antonio Torres, oriundo de Popayán, fue un Capellán por el cual Bolívar tuvo una amistad muy especial durante las duras jornadas que le tocó transitar el Libertador por el Perú, que le valió el cargo de Capellán y Vicario General del Ejército… Luego de la muerte del Libertador, Torres sufrió la persecución política y la discriminación católica, como todos los allegados a Simón Bolívar.

Como excelente matemático y notable dibujante, el padre Torres colaboró intensamente en los planes militares del Libertador… En sus tiempos libres, se dedicaba al dibujo, a través del cual plasmó imágenes de Bolívar que, con seguridad, reposarán en alguna polvorienta biblioteca de Cartagena, Lima, Cuzco o Popayán, o en alguna de las iglesias que le tocó presidir, luego que Bolívar asumió la dictadura de Colombia.

En 1842, el padre Torre fue designado por el gobierno de Ecuador para acompañar los restos mortales del Libertador en los actos oficiales de exhumación y su traslado desde Santa Marta a Caracas… El padre Torres no pudo asistir por problemas de salud, pero entregó al Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela, un lote de cartas originales del Libertador, que se perdieron entre la avaricia, la desidia, la irresponsabilidad, la corrupción y los negocios de algún ministro o directores de turno.

Lo cierto, es que no hay registro de esas cartas, que pudieran develar mucha de la historia oculta de Bolívar.

LA LLAVE DE LA LIBERTAD: Con motivo de su entrada triunfal a la Paz en Bolivia, el Libertador recibe la Llave de Oro de la ciudad de manos de las autoridades locales, objeto que a su vez obsequió al Capellán Pedro Antonio Torres, y que éste entregó a la municipalidad de Popayán, su ciudad nativa, como un digno testimonio de la obra inmortal de Bolívar; y así lo narró el padre Torres:

“Después de ese acto solemne me llamó Bolívar a su gabinete particular, y tomando de encima de la mesa, la Llave de Oro que la Municipalidad le había entregado a la entrada de la ciudad de la Paz, me la dio diciendo: Doctor, haga Ud. de esta llave una patena (utensilio litúrgico). La emoción que causó en mí esta medida, después de lo que acababa de presenciar en la Sala de Recibo, me embargo, y no pude contestar sino con unas lágrimas”

La Llave de Oro, que simboliza la grandiosidad de ese americano inmortal en tierras incas, desapareció de Popayán, junto a otros valiosos objetos que pertenecieron a Bolívar, y que una vez fueron expuestos con arrogancia y agradecimiento por las autoridades locales.

EL ANILLO DE LA PASION

En la turbulenta existencia de Bolívar, y desde muy joven, las mujeres ocupan un lugar predominante para moldear su personalidad… Pero el primer amor dejará una huella indeleble para el resto de su vida… Fue una joven española, dos años mayor que él, a la que conoce en Madrid, en la casa del noble caraqueño, marqués de Ustáriz, de nombre María Teresa del Toro y Alaiza, a quien el joven venezolano habrá de darle su corazón y su apellido.

Poco después de haberla conocido, Bolívar, aún menor de edad, tiene la osadía de pedir la mano a don Bernardo del Toro, emparentado con la familia del mismo apellido que viven en Venezuela, y que provenía de Bilbao con su hija para pasar una temporada en Madrid… y como era de esperar, don Bernardo le pide paciencia hasta que tenga la mayoría de edad, y tramite ante la Corte el permiso de matrimonio.

La originalidad de cómo Bolívar emprendía sus objetivos, lo evidencia su regalo de Boda: Ordenó elaborar una maravillosa joya ¡Única en estilo y originalidad! Que reuniera el amor que profesaba a su futura esposa

Un anillo de oro como el metal por excelencia de los dos mundos que se unían en matrimonio, ya que Simón nació en América y maría en Europa. El anillo estaba confeccionado con una delicada orfebrería que a modo de “corona” mostraba un diamante azul que hacía honor a la nobleza de María Teresa por ser hija única de Bernardo Rodríguez del Toro y Ascanio natural de Caracas Venezuela, y la Marquesa Benita de Alayza y Medrano, oriunda de Valladolid España; dentro de la corona dos corazones de diamantes que irradiaban el amor de los novios; dieciocho diamantes bordean el anillo en remembranza de la edad del joven Simón Bolívar; y por último cinco chispas de brillantes señalan el mes de mayo escogido por los novios para contraer nupcias.

Una exquisita joya que representa toda la pasión del futuro Libertador de seis naciones, que al momento de entregarlo en el Altar el 26 de mayo de 1802, recuerda el célebre poema de Claddagh que dice:

«Mis pensamientos son tan felices como la mañana. Mi corazón es tan ligero como el rocío. Con este anillo, recuerdo tu pasión y puedo pensar solamente en ti. Tu obsequio de esas horas brillantes y felices. Quédate conmigo cada noche y cada día. Con las manos siempre unidas. Más de lo que las palabras puedan decir. Juntos estamos en el arco iris el cual resplandece con los colores del amor. Siempre juntos. Unidos por el lazo de nuestro amor» 

Pero la tragedia llega nuevamente en la vida del joven Simón Bolívar, en momentos en que su vida anímica parecía sobreponerse a la muerte de sus seres más queridos

María Teresa enferma cuando los esposos disfrutaban su Luna de Miel en la hacienda de San Mateo… y ante la frustración de los médicos que la atendían, su cuerpo no soportó la fiebre del trópico, que cobraba la vida de los europeos no acostumbrado al clima tropical… La tragedia llega cuando apenas tenían un poco más de siete meses de casados… Fue una muerte que, irónicamente, cambiará la personalidad de Bolívar y el destino del mundo; y así lo hizo saber a su edecán Perú De Lacroix:

“…si no hubiese enviudado, quizás mi vida hubiese sido otra; no sería el General Bolívar, ni el Libertador, aunque convengo que mi genio no era para ser alcalde de San Mateo” Simón Bolívar

Luego de la desaparición de su amada esposa, Bolívar conservó el anillo que celosamente guardaba en su baúl personal… Era una joya que pocos vieron, aunque se comentaba la originalidad en su diseño y el costo invalorable que significaba para el Libertador, quien nunca se desprendió de la prenda, no obstante las precarias situaciones económicas que le tocó librar durante la guerra.

Ni aún cuando no tenía un peso con que comer, y plátano era lo único que conseguía para él y sus soldados, nunca pasó por su mente la idea de empeñar la joya de su esposa..!

En una oportunidad, Bolívar escribe a Santander: “Casi todos los soldados se han ido a sus casas; las provisiones de boca se han reducido; los hombres están cansados de comer plátano: plátano en mañana, plátano en tarde y plátano en noche… Los enfermos se mueren de hambre… Nos vamos a ver en un conflicto del demonio”

De visita en Popayán, en 1829, Bolívar ya vislumbraba el destino de la revolución, que se anegaba como barco a la deriva en las turbulentas aguas de la marea política que socavaba su popularidad… En ese momento de angustia, Bolívar se prepara a enfrentar su destino… y lo primero que hace, es desprenderse de los bienes materiales que lo atan a los recuerdos del pasado… y esa valiosa joya que guardó celosamente por veinticinco años, la entrega en custodia a don Rafael Arboleda, en ocasión de hospedarse en su casa en vía a Bogotá en el año de 1829, cuando debía enfrentar la turbulencia política

Al año siguiente se dispone a ordenar que su casa, conocida como la Quinta de Bolívar en Bogotá, sea traspasada a un amigo, escrituras que formalizarán el traspaso el 28 de enero de 1830, poco antes de abandonar Bogotá, cuando firmó las escrituras a nombre de José Ignacio París, con el compromiso de posteriormente cederla a la señora Matilde Baños…

“Los que nos quedamos vivos – le escribe Bolívar a Joaquín Mosquera el 3 de septiembre de 1829 – sentimos a los que se van, aunque sabemos que la vida es un mal… El dolor ante la muerte es el efecto maquinal de nuestro instinto, mas la razón me dice que me alegre ante ella, porque la muerte es la cura de nuestros dolores” 

EL CRANEO DEL LIBERTADOR

El día 22 de noviembre de 1842, los restos del Padre de la Patria fueron entregados por las autoridades de Nueva Granada, cuyo gobierno presidía el General Pedro Alcántara. Los comisionados por el gobierno de Venezuela: José María Vargas, José María Carreño y Mariano Ustáriz, cuyos actos protocolares eran documentados gráficamente por Carmelo Fernández, sobrino del entonces presidente José Antonio Páez… De esta forma, se cumplía un anhelo de sus hermanas, quienes exigían dar cumplimiento a la última voluntad de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios y Blanco, en la cláusula décima de su testamento:

“Es mi voluntad que después de mi fallecimiento, mis restos sean depositados en la ciudad de Caracas, mi país natal” Simón Bolívar

Habían transcurrido doce años desde su fallecimiento, y si en vida fue el hombre de las dificultades, después de muerto puede decirse que fue víctima de la ingratitud, como esa anécdota del General Santander, nombrado Presidente de la República en 1832, que lo primero que hizo al volver al país, luego de su destierro por intentar asesinar al Libertador, fue trasladarse a Santa Marta… Ya dentro de la Catedral, golpeó el piso con el tacón de su bota, sosteniendo el mango de su espada enfundada, al momento que exclamó con ira y rencor:

¡…Conque aquí estás Simón Bolívar..!”

Al momento de exhumar los restos del Padre de la Patria, el cuerpo fue revisado y reconocido por el médico Alejandro Próspero Reverend, y por Manuel Ujueta, quienes registraron el deterioro de la urna… así mismo concluyeron, que el cráneo y el tórax estaban aserrados, y que además se encontraban en el féretro rastros de vestidos y accesorios que pertenecieron a Bolívar. En esa oportunidad, la comisión venezolana que se fue a Santa Marta a realizar las diligencias pertinentes, cedió a la presión diplomática colombiana, autorizando que el corazón y las vísceras del Libertador se quedaran en esa nación, cuyos órganos habían sido colocados en un recipiente aparte dentro del ataúd.

El féretro, con los restos del Libertador, fue embarcado en la goleta de Guerra “Constitución”. Al arribar a Caracas, fueron inspeccionados en dos oportunidades. En la segunda, el doctor José María Vargas, Cosme Jiménez y el bachiller Manuel Alvarado, retiraron los restos, los lavaron con una solución de cloruro de sal, los secaron y luego los barnizaron. El esqueleto fue ensamblado con hilos de plomo y plata. Los médicos notaron en ese momento la ausencia de algunos huesos pequeños de las manos y los pies, así como la muela del juicio superior izquierda, que sí estaban presentes en una inspección previa, lo que indica, que esa muela y otros huesos, desaparecieron en Venezuela; y hoy forma parte del patrimonio privado de algún degenerado mental, o mejor dicho: un coleccionista furibundo… El cuerpo ensamblado fue depositado luego en una urna de plomo cubierta de otra de madera, que fue trasladada a la cripta de la familia “Bolívar” en la Capilla de la Santísima Trinidad de la Catedral de Caracas, erigida en 1589 por los antepasados del Libertador para que sirviera de sepultura a la familia.

Cuando se inauguró el monumento creado por el escultor Tenerani en la Catedral de Caracas en 1852, los restos fueron colocados en la capilla. El 28 de octubre de 1876, día de San Simón, fueron trasladados al Panteón Nacional… Todo se realizó con gran pomposidad como le gustaba a Antonio Guzmán Blanco. Durante el traslado, desde la Catedral hasta el Panteón, la urna nunca fue abierta, por lo que los restos no fueron revisados en esa oportunidad… En 1930, durante la construcción de la fachada actual del Panteón Nacional, sucedió un incidente poco documentado: Se descubrió que las maderas del techo de la nave central, donde se encuentran los restos del Libertador, estaban tan apolilladas, que amenazaba con desplomarse sobre el sarcófago. Se decidió que lo más seguro era sacarlos y dejar en el sitio el arca cineraria. Se abrió un hueco desde el patio para llegar hasta el arca y después de varias horas de labores, se sacó la urna de plomo. Edgard Pardo Stolk, uno de los ingenieros de la obra, narró los sucesos:

“Sin que nadie pronunciara una palabra, en el más absoluto silencio, se llevó la urna en hombros a un cuarto de al lado, y se dispusieron dos barriles de cemento con un entablado, y allí se colocó al Libertador”

Pardo Stolk describe la urna: “…es de plomo, del largo de un hombre. La tapa ha debido estar en su origen abovedada hacia arriba, pero con el tiempo las paredes laterales se separaron y la tapa se asentó sobre el cuerpo y se la ve sostenida por la frente, el pecho y los pies. Da la impresión de un manto muy grueso colocado sobre un cuerpo humano”

Si tomamos como cierta esta descripción, se dice que la tapa de la urna se veía sostenida por la frente, lo cual podría ser indicio de que sí hay un cráneo, o parte de él en el sarcófago… Varios días después, luego que se hicieron las reparaciones del techo, el cuerpo fue colocado nuevamente en su sitio.

Diecisiete años después, en enero de 1947, Vicente Lecuna, Cristóbal Mendoza y monseñor Nicolás Navarro, solicitaron al médico José Izquierdo que les ayudara a clasificar por sexo algunos huesos encontrados en la cripta de los Bolívar en la Catedral, con motivo de la restauración que se hacía en la cripta familiar de los Bolívar.

Para sorpresa de todos, había evidencias de que la cripta estaba profanada con signos de violencia

José Izquierdo, en su libro “El cráneo del Libertador”, dice: “En el suelo, junto al rincón noroeste de la cripta, en lamentable hacinamiento, con dos radios y dos muelas de caballo, varios huesos de perro y otros de gallina, aparecieron numerosos ejemplares de los tres tipos de huesos humanos, casi todos fragmentados y una base de cráneo cuyo contorno muestra distintamente el corte de sierra revelador de una autopsia. Dicho corte está interrumpido atrás y a los lados, pues por obra de una ruptura o corrosión, faltan respectivamente gran parte de la escama occipital y pedazos de las sienes; y revela poca pericia de su autor, pues pasa sumamente bajo y fue precedido de algunas fracasadas tentativas denotadas por tajos que aparecen en la frente”

El doctor Izquierdo, quien era profesor de Anatomía en la Universidad de Caracas, informó del hallazgo a la Junta Nacional Constituyente, presidida por el poeta Andrés Eloy Blanco, y pidió un análisis del contenido de la urna principal que se encontraba en el Panteón Nacional, para autentificar la osamenta del Libertador depositada allí.

El hecho de que un cráneo esté aserrado, significa que el cadáver fue sometido a una autopsia, y así lo denunció el doctor Izquierdo

Los argumentos esgrimidos por el médico eran los siguientes: 1. El único miembro de la familia Bolívar a quien se le practicó autopsia fue al Libertador. 2. El único nicho que no fue violado en la cripta de los Bolívar fue el de María Antonia. 3. El cráneo estaba barnizado, tal como se hizo con los restos de Bolívar, y presentaba un agujero “anormal” que pudo servir para el ensamblaje que hiciera el doctor Vargas.

La denuncia del doctor Izquierdo provocó un escándalo nacional que se acalló con una negativa por parte de la Junta de Gobierno de permitir que se abriera el féretro del Panteón Nacional

Por su parte, para calmar la controversia, la Academia de la Historia hizo público un documento donde aclaraba que el cráneo encontrado era el de la señora Josefa María Tinoco, madre de don Fernando Bolívar, quien estuvo enterrada en el cementerio de los Hijos de Dios, y cuyos restos fueron trasladados a la Catedral y colocados en un nicho de la cripta… Los historiadores dieron por terminada la polémica con el anuncio de que esta señora también había sido autopsiada, y de allí la confusión… Sólo quedó como eco de esta controversia el libro “El cráneo del Libertador”, editado por José Izquierdo en 1956.

¡..y aquí viene la intriga del cráneo de Bolívar..!

La preocupación es que este fragmento de hueso sea ciertamente de Simón Bolívar, y se encuentre en la colección personal de alguno de los miembros de la comisión nombrada por la Junta Constituyente, conformada por doce miembros coordinados por un adeco y un copeyano: Andrés Eloy Blanco y Rafael Caldera… por otra parte, para aumentar el misterio, Rafael Caldera ha sido la única persona que en dos oportunidades, y en períodos de treinta años, ha sido designada para abrir el ataúd del Libertador y constatar su autenticidad, persona que curiosamente, fue quien negó la solicitud del médico venezolano Izquierdo, y quizás sea quien posee el cráneo desaparecido.

DIBUJO DE LA MASCARILLA FUNERARIA TOMADA AL LIBERTADOR

UN DATO CURIOSO: En el año centenario de la muerte del Libertador, el escultor español, Alfredo Badenes, residente en Barranquilla, presentó un proyecto de estatua a erigirse en San Pedro de Alejandrino… En su proyecto se dirige a Santa Marta para lograr una referencia sobre el rostro de Bolívar, llegando a la casa señorial de Joaquín Mier, conservada por su pariente, José María Leyra… Entre sus reliquias había un busto de yeso del estilo del italiano Tenerani, que curiosamente Joaquín Mier guardaba celosamente… Al comenzar a examinar el busto, observó huellas de retoques hechas sobre el mismo yeso, que evidenciaban la intención de ocultar un molde de cera que se ocultaba en su interior… Con permiso del señor Leyva, el escultor español comenzó a raspar cuidadosamente el busto hasta que llegó a los ojos, y con pasmo, observó la tétrica expresión de la muerte que lo llevó a la conclusión, de que aquello era una mascarilla post mortem, que se había querido ocultar con un busto de yeso… La existencia de una mascarilla hecha al Libertador fue rechazada por los historiadores, ya que no existe referencia de ella por parte de su médico, Reverend; y más intrigante resulta la intención de ocultarla bajo un busto de yeso… sin embargo, la referencia del escultor español es cierta, y a su muerte, pidió a sus hijos proteger la copia que hizo de ella… El misterio de la mascarilla continúa, ya que la original misteriosamente desapareció al igual que la copia de Alfredo Badenes, para sumarse a otro de los objetos perdidos del Libertador.

Para buscar la “mascarilla del Libertador”, debemos comenzar por los descendientes del boticario de Santa Marta, de nombre Thomassin, quien suministro al médico Reverend: alquitrán, cal viva, alcohol, formol, cera, estopa, algodón, y demás implemento que se utilizaron para embalsamar el cuerpo, y como se sabe, estuvo a solas con el cadáver, y pudo tomar la muestra en cera para obtener el verdadero rostro de Bolívar.

LA BRUJULA DE LA INDEPENDENCIA

El aullido del viento y un frío que cortaba la carne, hacían desfallecer a esos hijos de la tierra caliente, que se enfrentaban al peligro de las cumbres con apenas una cobija de abrigo para sus entumecidos cuerpos… Allí en las cumbres andinas a más de 3.900 metros de altura, iba el “ejército de las tierras calientes”, llamados así por los enemigos, debido a sus cuerpos desnudos y descalzos, como lo exigía el clima de los llanos, en terrenos conocidos desde sus ancestros y donde acostumbraban a guerrear…

Barreiro acantonado en Boyacá, espera confiado que Pablo Morillo someterá a Bolívar, quién se suponía escondido en los llanos, y sólo se estaba a la espera de que amainaran las lluvias para desbaratar su ejército patriota…

Y precisamente ese era el Plan del Libertador: sorprender a Barreiro y liberar a Colombia (Nueva Granada)… No había vuelta atrás…

El ejército camina por un angosto desfiladero donde apenas cabe un sólo hombre… Bolívar ordena quitar las herraduras y quemar los cascos de las bestias para facilitar su ascensión por la nieve, en una improvisada tarea para asegurar las provisiones… La fatiga los abruma y el cansancio cae sobre los soldados que tienen que hacer un esfuerzo sobrehumano para escarpar los farallones, saltar abismos sin fin, y trepar sobre pastos de escarcha que hacen cada vez más pesado el caminar…

Era una dura peregrinación de profundo silencio, para llaneros habituados al sol abrasador

Allí los formidables jinetes, tan briosos en las abiertas sabanas, pierden su prestigiosa gallardía y muchos prefieren morir congelados antes que caer al precipicio… Las noches resultaban aún más tenebrosas: la neblina oscurece el cielo en una penumbra total, que impide la luz de luna para ver el camino… Aún sin poder ver la ruta, la orden es no detenerse, ante el peligro de quedar congelados por la falta de leña para hacer fogatas… por otra parte, la extrema humedad del ambiente y la carencia de ropa de invierno, exigen la movilidad continua de los hombres… y para colmo de males, la niebla hace más pesado respirar y el frío entumece los huesos… pero aún así la orden es continuar sin ver hacia atrás… Las reces que sirven de alimento, en grupos de hasta 200, se lanzan a la deriva por los farallones, al perder el equilibrio, por el ruido ensordecedor de los vientos huracanados que bombardean inmisericorde el Páramo, para despeñarse por barrancos profundos, creando un tenebroso panorama de muerte, con decenas de buitres que sobrevuelan las cumbres heladas, señalando la ruta bolivariana que sigue incólume las ordenes del Libertador… Seguir la ruta del Sur era lo que ordenaba Bolívar, quien se guiaba por la aguja de su brújula que lo acompañaba a todas partes…

AÑO DE 1853

A treinta y cuatro años de esa fantástica epopeya, cuando Bolívar atravesó la Cordillera Asesina para sorprender a los realistas en Boyacá, el viajero Paul Marcoy sigue la ruta bolivariana que tanta gloria le dio al Libertador de Colombia, Venezuela, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia… En la población de Azángaro, el viajero francés encuentra a un singular personaje que fue determinante en la personalidad revolucionaria de Bolívar… ESTA ES LA HISTORIA:

“Pausadamente se acerca la noche – escribe Paul Marcoy – Con ella un frío glacial proveniente de la Cordillera del Crucero, nos envolvía cuando llegamos a Azángaro. Esta población es la capital de la provincia del mismo nombre. No conocíamos a nadie en Azángaro a quien pudiéramos pedir hospitalidad. Pasamos frente a una especie de pulpería en la cual colgaban paquetes de velas, cuyas luces pendían balanceándose del techo por efecto del viento nocturno… Pedí al arriero hablar con el pulpero que, a través de la luz de una vela de sebo colocada sobre el mostrador, se veía confusamente en el interior. No entendí las palabras que se cruzaron entre sí, pero el pulpero se acercó hasta la puerta, y en un castellano de acento andaluz, me invitó a entrar… Era una habitación que fungía de cocina, laboratorio, almacén y cuarto de dormir. Una india agachada delante del fogón preparaba la comida que el pulpero me invitó a compartir con él, y le agradecí su benévola acogida… Usted es francés y meridional… me dijo en mi lengua y sin el menor acento… Sí, pero Ud. también es francés, le repliqué con una sorpresa que es fácil de comprender… Absolutamente No..! me dijo, como no soy ni inglés, ni alemán, ni italiano, ni portugués, no obstante que hablo esas lenguas tan bien como la de usted… Miré de arriba a bajo tan singular políglota, y estuve a punto de preguntarle si era el mismo diablo en persona… Adivinó mi sorpresa y la interrogación sobreentendida en mi mirada… Sonrió y me dijo en puro castellano con el cual me había abordado: Vamos a cenar porque todo está preparado, y cuando hayamos satisfecho nuestro apetito, entonces hablaremos como viejos amigos… Nos sentamos uno frente al otro delante de dos tablones colocados sobre dos troncos que hacían de mesa, y la india nos sirvió dos pedazos de tasajo acompañado de puré picante. Por bebida tuvimos agua de la fuente a la cual mezclamos algunas gotas de aguardiente.

El pulpero era un hombre de unos setenta años, de una robusta constitución, de un subido color y cuyos cabellos teñían la blancura de la nieve. Sus rasgos comunes, pero impregnados de bondad y delicadeza… Su vestido, debo confesarlo, no daba realce a su persona: su camisa sucia de cuello arrugado, su corbata retorcida, su poncho de un amarillo indefinible cuya abertura dejaba ver un pecho velludo y bronceado por el frío; sus pantalones de bayeta gruesa y azul y sus zapatos claveteados… Era una blasfemia para un hombre que hablaba seis idiomas… Luego que terminamos de cenar, colocó los codos sobre la mesa, y mirándome a los ojos me dijo: Yo lo sacaré de su embarazo… mi nombre es Simón Rodríguez… Es un error de los historiadores que me han hecho el preceptor del Libertador. Yo he sido solamente su amigo y consejero… Yo lo he seguido al Perú… y acabada su obra, Bolívar, asqueado de los hombres y desilusionado de sí mismo, se apartó a la vida privada. A su muerte, yo reemprendí mis correrías a través de América, y como la fortuna no me ha sonreído, me las he ingeniado para encontrar los medios para sobrevivir. He creado sucesivamente en las grandes ciudades del Continente, una fábrica de jabón blanco, una lavandería, una estufa para empollar huevos de gallina, empresas que no tuvieron éxito. El espíritu de los americanos es refractario a las innovaciones. Las ideas de progreso no entran en su cerebro sino a golpe de martillo… y siguió contándome su experiencia bajo las órdenes del Libertador, hasta que el sueño nos embargó para acomodarme en un rincón de la habitación.

A la mañana siguiente, después de un desayuno ofrecido con tanta gentileza que no pude rehusar, me despedí de don Simón Rodríguez, augurándole que guardaría un recuerdo imperecedero de su persona y de la noche que acababa de pasar bajo su techo… Al momento de montar en mi cabalgadura, puso en mis manos un objeto de tres pulgadas cuadradas, envuelto en un pedazo de tocuyo, tejido de algodón del país, al momento que me dice:

…esta es una reliquia que le regalo para evitar que a mi muerte, caiga en manos profanas. Consérvela en recuerdo de un servidor y, sobre todo del hombre ilustre a que a ella perteneció por mucho tiempo…

El paquete encerraba una caja, que imitaba caoba o cedro oloroso, con bisagra para abrirse y se cerraba con un garfio. El fondo de la caja estaba recubierto de papel, sobre el cual un calígrafo había trazado la “Rosa de los Vientos”. Una aguja un poco enmohecida, colocada al centro de la rosa, indecisa, vacilante entre el N y el NN E ¼ N. Era una pequeña brújula, evidentemente fabricada en el país, la cual entregó Simón Bolívar a su maestro.

Simón Rodríguez me informó: esta es la brújula de que él se servía en sus marchas por América. Ella ha marcado sus pasos en la vía de la renovación que él siguió, y las incisiones hechas con el cortaplumas en su tapa, testimonian tantas victorias alcanzadas por mi noble amigo Bolívar sobre los ejércitos de los virreyes”

La Brújula de la Independencia, quizás por su humilde apariencia ante la deslumbres de la joyas y los metales preciosos, esté olvidada dentro de algún baúl de recuerdos de la familia del viajero francés, Paul Marcoy, que accidentalmente, se convirtió en el guardián de uno de los objetos más valiosos en la gesta bolivariana, y hasta es posible, que no se tenga conciencia de su invalorable valor histórico, ya que ella señaló el camino a la independencia de seis naciones, que hoy llevan la firma indeleble de Simón Bolívar, su Libertador.

EL CORAZON DE BOLIVAR

Como ya fue señalado, doce años después de su muerte, y ante la presión que hacían sus hermanas y los movimientos políticos que se estaban gestando en todo el país, Páez, para congraciarse con el pueblo, solicita al Congreso de Venezuela se autorice el traslado de los restos de Simón Bolívar desde Santa Marta… y ante la ovación popular, los diputados autorizan dar cumplimiento a la última voluntad del Libertador.

Por Colombia, el médico Próspero Reverend y el General Joaquín Posada Gutiérrez, están de acuerdo en entregar al Dr. José María Vargas, como representante de la Comisión venezolana, los restos mortales del Libertador, condicionado a que:

“El corazón de Bolívar fuese dejado en Colombia”

Se refería la Comisión Granadina, a la caja de plomo donde se encontraban las entrañas extraídas durante la autopsia; como dejó escrito el presidente de la Comisión:

“A nosotros nos quedó una caja pequeña de plomo que contenía el corazón y las entrañas de Bolívar”

Pero más intrigante para la investigación, fue lo que narró más adelante el General Posada:

“Durante la exhumación del cadáver del Libertador, abierta, sólo contenía tierra..! esa tierra o polvo en que todos nos hemos de convertir. En la Catedral de Santa Marta quedó, y allí debe quedar. Santa Marta merece conservarlo”

Texto que contradice la versión dada por el propio médico Reverend, en su relato sobre la exhumación de los restos del Libertador, que publicó 24 años después, en 1866 en Francia:

“A la Nueva Granada sólo le quedaba como único recuerdo material su corazón guardado en una caja de plomo… y el cuerpo fue verificado por una cicatriz en una costilla que le hice durante la autopsia”

Una vez cumplida la exhumación, y logrado los acuerdos diplomáticos exigidos por el gobierno colombiano, los restos fueron depositados en una urna nueva de plomo especialmente diseñada por el Dr. Vargas y construida a tal efecto en Bogotá… Finalizada la ceremonia oficial en Santa Marta y puesto la urna de plomo a bordo de la goleta “Constitución”, ésta izó vela el 22 de noviembre de 1842 para recorrer un trayecto de 21 días hasta el puerto de la Guaira.

La goleta iba escoltada por el bergantín “Caracas”, la británico “Albatros” y la francesa “La Circe”… Un extraño incidente casi hace desaparecer los restos del Padre de la Patria en las profundidades del mar, cuando la “Constitución” donde iba la urna de plomo, encalló en la isla Los Roques..! Momentos de angustia se suscitaron ante el peligro del hundimiento, como si se tratara de un accidente planificado para desaparecer al héroe americano… Es un hecho curioso que llama a la reflexión, ya que lo mismo le sucederá a la estatua ecuestre del Libertador ordenada por Guzmán Blanco para su colocación en la Plaza Bolívar de Caracas en 1874, como la primera en su tipo que se erigiría en Venezuela… Inexplicablemente..! también la embarcación encallará en la misma isla de Los Roques y la estatua se hundiría en las profundidades..! como también habrá de hundirse, siete años antes, el 25 de septiembre de 1867, el barco que llevaba hacia Bogotá el monumento de mármol realizado por el artista italiano Pietro Tenerani, para contener el “corazón” de Bolívar dejado en Colombia.

Luego de las investigaciones surge una versión que llena de más dudas

En Colombia, el 21 de mayo de 1843, se emitió un Decreto para tributar el Corazón de Bolívar, que en su artículo 1º señala: “En la Iglesia Catedral Metropolitana de Bogotá, se erigirá un monumento en su honor, y en el cual se depositará la urna que contiene las entrañas del Libertador Simón Bolívar”… que como fue señalado, se ordenó un monumento en mármol en Italia llamado “Corazón de Bolívar”, el cual se hundió en las profundidades del mar a la altura de Trinidad, y a partir de entonces nadie más habló del corazón de Bolívar.

¿..Dónde está el Corazón de Bolívar..?

¿..Por qué nadie lo menciona..?

¿..Qué misterio encierra..?

Un corazón, cuyo destino, acompaña el misterio del corazón de Atanasio Girardot, héroe colombiano, cuya valentía y arrojo, quedaron evidenciados en la batalla de Bárbula el 30 de septiembre de 1813, donde brindó su vida en nombre de la Revolución Bolivariana, envuelto en la bandera republicana, cuando una bala cegó su vida.

Ese mismo día, Simón Bolívar expidió en su cuartel general de Valencia una Ley para honrar su memoria, que en su artículo 3° se disponía:

“… Su corazón será llevado en triunfo a la capital de Caracas, donde se le hará la recepción de los libertadores y se depositará en un mausoleo que se erigirá en la Catedral Metropolitana…”

En cumplimiento de esta disposición, una procesión cívica y religiosa salió de Valencia el 10 de octubre pasando por los Guayos, Guacara, San Joaquín, Turmero, San Mateo, La Victoria, El Consejo, San Pedro y Antímano; efectuando misas en cada uno de los templos que se encontraban en el trayecto. Desde El Consejo, Bolívar se adelantó hacia Caracas, a fin de participar en el recibimiento del corazón del héroe colombiano a su llegada a la capital. Finalmente, ésta se produjo el 14 de octubre de 1.813. Desde Antímano, en cuya iglesia había sido depositada la urna, y a donde fueron a acompañarla Bolívar y las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, el cortejo se dirigió a la Catedral. Allí se realizó una misa solemne, siendo depositado el corazón de Girardot, mientras se terminaba el mausoleo definitivo, el cual se edificaría en la capilla de la Santísima Trinidad, perteneciente a la familia Bolívar.

 
 
 

¿Qué pasó con el “corazón” de Girardot?

 

Desapareció de la memoria de las generaciones y más nunca se supo de él… Para los eruditos de la historia, cuando se pregunta sobre el destino del “Corazón de Girardot”, las respuestas son variadas: Desapareció del Panteón de los “Bolívar” profanado una y mil veces… Quizás fue quemado por los furibundos religiosos antibolivariano que desde siempre han proliferado dentro de la Iglesia con su fundamentalismo político… Hasta pudo ser celebrado como un trofeo por Boves cuando asaltó Caracas en 1814, y terminó en la punta de su lanza donde exponía los corazones aún palpitante de sus victimas… Hasta es posible que haya sido enterrado en el cementerio colindante para no exponer ese símbolo de la revolución que combatía la iglesia. Lo cierto es que el “Corazón” desapareció con la caída de la Segunda República, cuando Bolívar salió de Caracas llevando consigo las joyas y piezas de plata y oro de la Catedral, que los curas entregaron a regañadientes.

Por lo momentos, la búsqueda continúa, con la esperanza de encontrar esos objetos emblemáticos de la revolución bolivariana ¡¡¡incluyendo el más valiosos de todos!!! o sea: el cuerpo de Simón Bolívar que se dice está en el Panteón Nacional, pero que una Carta que el Libertador escribió al borde del sepulcro, ubica su tumba en una exuberante selva frente al mar Caribe y a su espalda los picos nevados

Ver Link: La Carta “que cambiará la historia”

http://librolacarta.com/

 

7 comentarios

  1. Tuve la oportunidad de tener en mis manos la replica de la espada de Simon Bolivar, en una tienda en SAMBIL de la Isla de Margarita el año 2002, tenia fijado precio para esa epoca de 7.500.000 millones de Bolivares, el vendedor me manifesto que esta la realizaba un joyero de origen Cumanes por encargo para el Gobierno Nacional, poseo el video que documenta este acontecimiento

    • Cuelgalo en Youtube

    • hola! Donde puedo encontrar esa replica? Cuanto costara?

  2. quiciera saver quien pude estar interesado en algo impotante que poceo del libertador Simon Bolivar.es un mechon de su cabello..junto con un mechon de cabello de ; Tomas Cipriano de Mosquera,,firmados y dejados por la segunda esposa de Tomas Sipriano De mosquera..;.Maria Ignacia Arboleda De mosquera..quien pueda interesar…vereficable;;;escrivir..a…;;; lauyigo@hotmail.com;;;;;tambien;;;;; jgomez756@latinmail.com
    .

  3. vendo dos paginas del correo del orinoco de 1821 de cuando bolivar

  4. HOLA SI ALGUIE DESEA POSEEOTRES CARTAS ORIGINALES DE SIMON BOLIVAR PARA LA VENTA ESCRIBIRME A oscarswleo@hotmail.com

  5. tengo un busto de bolivar en bronce, esta firmado por el autor pero desconozco quien es. Es pequeño 7cmm de alto por 6 de ancho. Si alguien esta interesado en el mismo me pueden escribir a mi correo.


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    Esta Sección complementa la Sección “Bolívar un Enigma Americano” donde se presentan artículos referidos a la magia y el misterio que envuelven la Gesta Libertador de Simón Bolívar. Ambas Secciones constituyen un legado del Libertador, que ahora está al alcance del CIBERESPACIO, para profundizar en la BOLIVARIANOLOGÍA, como yo llamo a esa ciencia inédita que nos introduce en el interesante pasado americano, donde ese venezolano de nacionalidad continental llamado Simón Bolívar, fue el redentor de la extintas civilizaciones americanas, para convertirse en un Mesías que nos trajo, no sólo la libertad, el gentilicio y la nacionalidad, sino la Doctrina de una Religión que profesamos todos los nacidos o asimilados a estas prodigiosas tierras americanas: el BOLIVARIANISMO Por: Jorge Mier Hoffman
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