La Gloria y El Infortunio

 

LA GLORIA Y EL INFORTUNIO
DEL LIBERTADOR
Por: Jorge Mier Hoffman

“… Juro por Dios y juro por mis padres, que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”
15 de agosto de 1805. Simón bolívar

Con este emotivo discurso que hace ante su maestro Simón Rodríguez, nace el compromiso de un venezolano por liberar a un continente… es así como el joven Simón Bolívar, con apenas 22 años de edad, se proyecta en el tiempo de la gloria de los hombres inmortales para glorificar un título que por vez primera aparece escrito en las páginas de la historia universal: El Libertador… Fueron emotivas palabras que evocan un momento glorioso de un venezolano a los pies del Monte Sacro, mudo testigo de la Roma imperial que con toda su arrogancia infinita de esclavitud y sumisión colonialista, hacía honor al imperialismo monárquico que, a pesar de sus inagotables recursos económicos y militares, tuvo que sucumbir a los designios de la Revolución Bolivariana que encabezó Simón Bolívar.

MEMORIAS DE UNA REVOLUCIÓN ROMANA

En esa búsqueda de un sistema ideal de gobierno, el pueblo romano sustituyó la figura del rey por dos magistrados, conocidos como pretores, que más tarde recibieron el título de cónsules. La participación dual en el ejercicio del poder supremo y la limitación a un año de permanencia en la magistratura evitaban el peligro de la autocracia. El carácter del Senado, órgano asesor ya existente durante la monarquía, fue modificado para que los plebeyos pudieran participar en su constitución (conscripto)… Inicialmente sólo los patricios podían ocupar las magistraturas, pero el descontento de la plebe originó una violenta lucha entre los dos grupos sociales, y la progresiva desaparición de la discriminación social y política a la cual los plebeyos habían estado sometidos.

…y en el 494 antes de Cristo, los plebeyos acosado por los patricios ceden en su lucha para congregarse en el Aventino, ajenos a la aristocracia romana, y por su rebeldía, logran importantes reconocimientos en una Concilium plebis (Asamblea de la plebe) para la defensa de sus intereses, que logró la promulgación de un Código Legal, y con la Ley Canuleya que declaraba legalmente válidos los matrimonios entre patricios y plebeyos.

Estos cambios políticos dieron paso a una nueva aristocracia compuesta por patricios y plebeyos, propiciando que el ingreso en el Senado fuera casi un privilegio hereditario de estas familias.

LA GLORIA..!

Meses antes del célebre juramento, el joven Simón aceptó encantado la excéntrica idea de su maestro de trasladarse a Italia… pero no en coche o a caballo como pudiera responder la lógica y la razón…

Ambos emprendieron la travesía a pie

Fue una fría mañana de primavera cuando los dos simones, el joven idealista y el viejo maestro de la filosofía, emprenden camino hacia la inolvidable aventura italiana cruzando la floresta francesa, siguiendo el camino de tierra que trazaban los carruajes de la campiña… Los dos venezolanos causaban curiosidad al pasar por los caserío, para continuar su viaje cruzando los Alpes Occidentales por imponentes pasos de montaña cubiertas de nieve blanca y verdes campos colmados de flores silvestres… Como escribió Uslar Pietri:

“Aquellos dos peregrinos venían desde París con la cabeza bullente de las ideas de la Revolución Francesa y con los ojos deslumbrados por las ceremonias imperiales de la coronación de Napoleón. Venían del agitado escenario de la historia reciente para entrar en los vestigios de la historia romana, donde Bolívar hará aquel juramento inmortal que dará brillo a la independencia de América… y allá van, palpitantes como un par de niños traviesos, atravesando aldeas, escudriñando la vegetación, admirando la vida silvestre, bajando lomas y bebiéndose con los ojos el cambiante paisaje, para meditar sobre el destino de América, inspirados en las letras revolucionarias de Rousseau”

Bolívar y su maestro se conjugaron en mente y alma para idealizar un sueño revolucionario, del cual Bolívar despertará para convertirse en una pesadilla para el imperio español, mientras que su maestro se convertirá en un sonámbulo de la historia; tal cual lo describió Mario Torrealba Lossi: “Bolívar el genio, y aunque se tilde a Simón Rodríguez de utópico y monomaniático, nadie mejor que el Libertador para materializar los sueños de quien se quedará aprisionado en sus propias redes”… Mientras discurren por aquellos caminos de ensueño, mil preguntas colmaban la atención del maestro; y en especial sobre el glorioso pasado de América:

¿..Qué se hicieron aquella esas fabulosas civilizaciones extinguidas por la avaricia del imperio español..?

Ciertamente… el joven Simón había respirado los aires de las fabulosas civilizaciones de México, cuyas pirámides y templos colmaron su admiración y un gusto especial por la arqueología..! La esclavitud, el saqueo de los tesoros americanos que alumbraban de lujo los castillos de la vieja Europa; el oro que tapizaba los altares de las iglesias, la sumisión del pueblo americano, la inquisición católica que llevaba a la hoguera a hombres y mujeres; el poder omnipotente de la monarquía, el racismo y la disgregación de clases, con seguridad fueron temas que abordaron los caminantes en su larga travesía…

Esa era la lección viva de la historia, la religión, la política y la filosofía que adoctrinaba Simón Rodríguez con su bagaje de vivencia, experiencia y conocimiento…

…y en medio de este esos diálogos académicos de cultura universal y filosofía de la vida, la muy amada y siempre presente Venezuela, con su carga de injusticia y opresión imperialista a manos de serviles de la monarquía imperial española que, en conjunción con la iglesia católica, cumplían una efectiva labor de profilaxis política y social, exterminando cualquier foco revolucionario o disidente del adoctrinamiento español… En la inmensidad de los recuerdos, Bolívar rememora su Caracas natal, La Guaira, San Mateo, Villa de Cura, Yare, Aroa,… en fin, esas lejanas haciendas y propiedades de la familia “Bolívar” que constituían un poder económico envidiable.

A finales de mayo ambos simones llegan a Milán, ciudad al Norte de Italia y la más poblada después de Roma, y que por algún tiempo estuvo dominada por Austria, pero que gracias a Napoleón Bonaparte, nueve años antes, o sea en 1796, nuevamente la ciudad recobró su independencia italiana… Este tenaz y duro hombre de pequeña estatura al que llamaban el “Gran Corso”, hacía temblar la monarquía europea; y su nombre evocaba democracia y libertad, conceptos que llenaban la atención de los dos venezolanos…

…pero, con su arrogancia de coronarse al mejor estilo de la monarquía, era un gesto indigno que rechazaban los venezolanos… El poder de Napoleón se hacía sentir en todos los rincones que recorrían los dos simones… y allí en la ciudad milenaria de los Celtas, Milán, nuevamente se preparaba una fastuosa coronación; pero esta vez como emperador de Italia, a la cual Bolívar no asistió, y se encerró en su habitación para no escuchar la algarabía de un pueblo ignorante que ovacionaba la ambición desmedida de Napoleón Bonaparte… Como escribiría Bolívar años más tarde:

“Yo no soy Napoleón ni quiero serlo; tampoco quiero imitar a Cesar; aún menos a Iturbide. Tales ejemplos me parecen indignos de mi gloria. El titulo de Libertador es superior a todos los que ha recibido el orgullo humano”

La Italia maravillosa, reminiscencia de un imperio con su monarquía esclavista y estilo renacentista, desfila en el itinerario del maestro y su pupilo, quienes hacen un alto en cada pueblo que se presentaba en su camino:

Venecia, Ferrara, Papua, Bolonia, Florencia, Perugia, y al término de esa ruta histórica…Roma..! la ciudad de las siete colinas, la de Rómulo y Remo, la de la mitología, y la cuna de un imperio que dominó al mundo

Impresionados por los monumentos y la arquitectura al mejor estilo griego que mostraban esas fabulosas construcciones, ambos simones suben al Monte Sacro, una de las siete colinas de Roma, donde el joven Simón Bolívar hará aquel juramento inmortal que ha conducido la Revolución Bolivariana… Luego… poseído de una emoción sublime y “con animación casi febril”, junto a las ruinas romanas de la colina y ante el atónito maestro, pronunció el juramento solemne de dedicar su vida a la liberación de la Patria… Así se expresó Bolívar:

¿..Conque éste es el pueblo de Rómulo y Numa, de los Gracos y los Horacios, de Augusto y de Nerón, de César y de Bruto, de Tiberio y de Trajano..?

Aquí todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias su cuna. Octavio se disfraza con el manto de la piedad pública para ocultar la suspicacia de su carácter y sus arrebatos sanguinarios; Bruto clava el puñal en el corazón de su protector para reemplazar la tiranía de César con la suya propia; Antonio renuncia los derechos de su gloria para embarcarse en las galeras de una meretriz; sin proyectos de reforma, Sila degüella a sus compatriotas; y Tiberio, sombrío como la noche y depravado como el crimen, divide su tiempo entre la concupiscencia y la matanza. Por un Cincinato hubo cien Caracallas, por un Trajano cien Calígulas y por un Vespasiano cien Claudios.

Este pueblo ha dado para todo; severidad para los viejos tiempos; austeridad para la República; depravación para los emperadores; catacumbas para los cristianos; valor para conquistar el mundo entero; ambición para convertir todos los Estados de la tierra en arrabales tributarios; mujeres para hacer pasar las ruedas sacrílegas de su carruaje sobre el tronco destrozado de sus padres; oradores para conmover, como Cicerón; poetas para seducir con su canto, como Virgilio; satíricos, como Juvenal y Lucrecio; filósofos débiles, como Séneca; y ciudadanos enteros, como Catón.

Este pueblo ha dado para todo, menos para la causa de la humanidad: Mesalinas corrompidas, Agripinas sin entrañas, grandes historiadores, naturalistas insignes, guerreros ilustres, procónsules rapaces, sibaritas desenfrenados, aquilatadas virtudes y crímenes groseros; pero para la emancipación del espíritu, para la extirpación de las preocupaciones, para el enaltecimiento del hombre y para la perfectibilidad definitiva de su razón, bien poco, por no decir nada.

La civilización que ha soplado del Oriente, ha mostrado aquí todas sus faces, han hecho ver todos sus elementos; mas en cuanto a resolver el gran problema del hombre en libertad, parece que el asunto ha sido desconocido y que el despejo de esa misteriosa incógnita no ha de verificarse sino en el Nuevo Mundo.

¡..Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por mi Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español..!

Juramento que además de ser descrito por Simón Rodríguez, forma parte de la autobiografía del Libertador, y que será recordado por su edecán Francisco O´Leary al referirse a ese momento histórico para la libertad de América:

“La memoria de las épocas heroicas de la historia romana evocada a la vista del Capitolio, hizo nacer en el pecho de Bolívar esperanzas para el porvenir, resuelto a realizarlas o a tentarlo al menos, corrió al célebre Monte Sagrado del Aventino, al que Scipio llevaba a los plebeyos de Roma, exasperado por las exacciones, injusticias, arrogancias y violencia de sus señores los patricios… Los sufrimientos de la patria se agolparon en su mente… cayó de rodillas e hizo aquel voto de cuyo fiel cumplimiento es glorioso testimonio la emancipación de la América del Sur”

Ese juramento que ha llenado de orgullo patriótico a generaciones y generaciones de venezolanos, fue referido por Simón Bolívar el 26 de octubre de 1825, cuando ambos Simones suben al Potosí en la recién creada nación de Bolivia… Bolívar en la cima de ese cerro perforado por riquísimas minas de plata que por casi 300 años sació la codicio europea, habló al viento:

“Venimos venciendo desde las costas del Atlántico, y quince años de una lucha de gigantes… hemos derrocado el edificio de la tiranía, formado tranquilamente en tres siglos de usurpación y violencia… En cuanto a mí, de pie sobre esta mole de plata que se llama Potosí, y cuyas venas riquísimas fueron trescientos años el erario de España, yo estimo en nada esta opulencia cuando la comparo con la gloria de haber traído victorioso el estandarte de la libertad, desde el Orinoco, para fijarlo aquí, en el pico de esta montaña, cuyo seno es el asombro y la envidia del Universo”

Simón Bolívar había cumplido su juramento hecho 20 años atrás: Su Gran Colombia era la unión de estados más grande del planeta y así se lo hizo saber a su maestro:

“Se acuerda usted cuando fuimos al Monte Sacro en Roma a jurar sobre aquella tierra santa la libertad de la patria..? Ciertamente no habrá usted olvidado aquel día de eterna gloria para nosotros; día que anticipó por decirlo así, un juramento profético a la misma esperanza que nos debíamos tener”

…y a partir de ese histórico momento en que Bolívar cumplió aquel juramento, su nombre se inmortalizó en las páginas de la historia universal

En el año de 1850, o sea, 45 años después de ese juramento, Simón Rodríguez comentó a su amigo Manuel Uribe su experiencia personal sobre lo ocurrido en el Monte Sacro con Simón Bolívar:

“Después de la Coronación de Bonaparte, de que ya te hablé, viajamos Bolívar y yo, en estrecha compañía y en íntima amistad por gran parte del territorio de Francia, Italia y Suiza. Unas veces íbamos a pie y otras en diligencia. En Roma nos detuvimos bastante tiempo, y para que sacies tu curiosidad, voy a referirte lo que allá pasó:

Un día, después de haber comido y cuando ya el sol se inclinaba al occidente, emprendimos paseo hacia la parte del Monte Sagrado. Aunque esos llamados montes no sean otra cosa que rebajadas colinas, el calor era tan intenso que nos agitamos en la marcha lo suficiente para llegar jadeantes y cubiertos por copiosa transpiración a la parte culminante de aquel mamelón. Llegados a él nos sentamos sobre un trozo de mármol blanco, resto de una columna destrozada por el tiempo.

Yo tenía fijos mis ojos sobre la fisonomía del adolescente; porque percibía en ellas cierto aire de notable preocupación y concentrado pensamiento

Después de descansar un poco y con la respiración mas libre, Bolívar, con cierta solemnidad que no olvidaré jamás, se puso en pie, y, como si estuviese solo, miró a todos los puntos en el horizonte y al través de los amarillos rayos del sol poniente paseó su mirada escrutadora, fija y brillante por sobre los puntos principales que alcanzábamos a dominar… Con qué éste es, “dijo”, y luego, volviéndose hacia mí, húmedo el ojo, palpitante el pecho, enrojecido el rostro, con una animación casi febril, me dijo:

“Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mí honor, y juro por la Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”

Tú sabes – como agregaría el señor Rodríguez – que el muchacho cumplió su palabra. Toca a las generaciones venideras perfeccionar la obra. En cuanto a ti, en quien noto cierta propensión a la historia, quiero darte un consejo, y es éste:

Sí alguna vez pretendes y puedes escribir, cuéntales a tus compatriotas en términos sencillos y sin lujo de fantasía lo que sepas sobre tus antepasados, para que aprendan a respetar su memoria, a reverenciarla y a reconocer sus sacrificios”

Por la importancia y significado del Juramento de Bolívar, en la Casa Natal en el “Salón de las Batallas”, desde 1930 se encuentra una urna artística en bronce del escultor Sergio Vatteroni, trabajada en bajo relieve con la escena del Juramento. Fue regalada a Venezuela por la Colonia italiana en nuestro país, y en su interior contiene tierra del Monte Sacro en Roma.

EL INFORTUNIO..!

El hombre de las dificultades, el alfarero de cinco repúblicas, seis con Panamá, quien sacrificó toda su fortuna, su felicidad y hasta su salud, ahora es repudiado por una casta política, apátrida y vendida al imperialismo extranjero, que denigra de los excelsos valores inmortales del Libertador… En su desesperación llama a la unidad a costa de su autoridad:

“Compatriotas: Escuchad mi última voz al terminar mi carrera política; a nombre de Colombia os pido, os ruego que permanezcáis unidos, para que no seáis los asesinos de la Patria y vuestros propios verdugos”

Páez amenaza a Bogotá: “Que no se permita de ningún modo que el General Bolívar vuelva al Venezuela. Si se verificase su aproximación se entenderá como una declaración de guerra”… La sublevación social obliga al General Rafael Urdaneta asumir un gobierno provisional que llama desesperadamente a Bolívar… pero éste responde:

“Yo compadezco al General Urdaneta, a Usted y a todos los amigos que se ven comprometidos sin esperanza de salir bien, pues nunca debieron ustedes contar conmigo… Añadiré a usted unas palabras más para aclarar esta cuestión. Todas mis razones se fundamentan en una: no espero salud para la Patria. Este sentimiento, o más bien, esta convicción interior ahogan mis deseos y me arrastra a la más cruel desesperación. Yo creo que todo está perdido para siempre, y la Patria y mis amigos sumergidos en un piélago de calamidades. Si no hubiera más que un sacrificio que hacer y que éste fuera mi vida, o el de mi felicidad o el de mi honor…. Créame usted, no titubearía. Pero estoy convencido que este sacrificio sería inútil, porque nada puede un pobre hombre contra el mundo entero; y porque soy incapaz de hacer la felicidad de mi país me niego a mandarlo”

Para el Libertador, evitar la separación de Venezuela era su único objetivo… El Congresos venezolano deja de ser el recinto sagrado de la legislación, para convertirse en una vulgar taberna, donde ahora se servía el licor que envalentonaba a los miserables diputados, que en su delirio etílico lo insultan de todas las maneras; lo llaman tirano, déspota, inmoral, ineficiente… El mundo imperialista encarnado por Estados Unidos, envía a sus asesores para colaborar con Páez en la disolución de la Gran Colombia… Se intentó borrar la imagen que del Libertador tenía su pueblo… Decía Bolívar: “Me acusan de todos los males y me niegan todas las virtudes… Ponen en duda mi desprendimiento y el amor que siempre he profesado a la Patria. No ahorran en negaciones y bajezas… Sería preferible y menos doloroso, los puñales parricidas alzados contra mi pecho”… Volantes infames se repartían en las plazas y los mercados; periódicos con artículos ignominiosos se enviaban al exterior; voceros pagados repetían como un loro un texto denigrante en tabernas; caricaturas vergonzosas aparecían en las iglesias durante la misa; carteles pusilánimes cubrían las paredes de las casas; en fin, toda una campaña publicitaria tendiente a apagar la luz destellante que desbordaba la obra del Libertador; pero aún con toda esa campaña de desprestigio, la realidad no se podía ocultar: todo lo que poseían, todo lo que les rodeaba, todo lo que respiraban y hasta todo lo que podían ver, y aún más allá en miles de kilómetros, era la obra de ese escultor de naciones que todos llamaban su Libertador…

Ocultar esa escultura inconmensurable era imposible… Ante esa realidad lo único que les quedaba era desaparecer al escultor… El 4 de julio Bolívar escribirá un epitafio a la memoria del Gran Mariscal:

“La bala cruel que hirió el corazón mató a Colombia y me quitó la vida. Como soldado fuiste la victoria, como magistrado la justicia, como vencedor la clemencia y como amigo la lealtad”

Ya nada podía cambiar el curso de los acontecimientos nefastos para América…! Para los mandatarios de Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador, esa muerte fue más que conveniente, ya que sacaban del camino el último obstáculo para negociar con el imperialismo extranjero… Decía Bolívar:

“Si no hubiera más sacrificios que hacer, y que este fuera el de mi vida, o el de mi felicidad, o el de mi honor, no titubearía en darlo todo por la Patria”
Cartagena 25 de septiembre de 1830

El año 1830 fue de luto para América: el 22 de septiembre Páez firma la Constitución que crea la CUARTA REPÚBLICA que entierra el ideal bolivariano… y el 17 de diciembre muere Bolívar; y con él, se entierra la Gran Nación Americana… Bolívar decía:

“Estoy rodeado de enemigos porque no vengo a servir del vil instrumento de venganza. La historia dirá, Bolívar tomó el mando para libertar a sus conciudadanos, y cuando fueron libres, los dejó para que se gobernasen por las leyes, y no por su voluntad”

Una Venezuela separada de la Gran Colombia caía en manos de una corrupción más devastadora que el poder español… El control imperialista que ha saqueado indiscriminadamente los recursos americanos..!

…y dentro de un plan perfectamente planificado, enterrar el ideal bolivariano fue, es y será un objetivo histórico…

Así como el Libertador ha sido objeto de incontables ofrendas, también ha sufrido el infortunio de los enemigos del pueblo… Recordemos aquel acontecimiento indigno, cuando el alcalde de Cuzco planteó cambiar la estatua de Bolívar por la de Manco Capac; y actos como este encontramos en muchos otros lugares de lo que fue la Gran Colombia… Pero en Venezuela, su patria natal, es donde Bolívar ha tenido sus mayores enemigos; empezando por José Antonio Páez y últimamente con Manuel Caballero quien recientemente epublicó este infeliz escrito:

Dudas ante el relato de Simón Rodríguez
sobre las palabras en el Monte Sacro
MANUEL CABALLERO
Especial para el Diario Universal

Los detractores del Libertador desde la Academia Nacional de la Historia

El falso juramento..! Si su origen es cierto, no agrega nada a la gloria posterior del Libertador. Entre los textos del Libertador hay algunos que tienen la particularidad de ser el plato favorito de los cursis de todo pelo. Ninguno como esos tan a punto para engolar la voz, para echar al vuelo las campanas del más ramplón de los lirismos. Son carne de manuales y por supuesto, de orador patriótico. Sirven para construir un discurso tan intrascendente y a veces tan desligado de la realidad, que uno se siente tentado a repetir aquello de que la vida sea como un cuento contado por un idiota.

La Historia, en esos casos y en esas bocas, suele serlo. Entre ellos ocupa lugar destacado el Juramento del Monte Sacro. Si su origen es cierto, no agrega nada a la gloria posterior del Libertador, ni es precisamente una joya de su inteligencia. Pero, a cualquier dios gracias, hay muchas razones para pensar que sea apócrifo, al menos en su versión más conocida.

Muchas cosas hacen pensar que si no es obra exclusiva de Simón Rodríguez, tiene mucho de eso. Lo que más se conoce y se cita es el juramento final, que copia el tono y la intención del Salmo CXXXII: 3,4,5… Pero aparte de eso, está precedido de una larga parrafada donde espeta una lección de historia romana, más propia de un viejo erudito que de un joven impetuoso y poco dado al estudio sistemático, en particular de una materia tan árida por lo inconmensurable.

En todo caso, una saludable prudencia se impone, antes de aceptar que esas palabras hubiesen sido pronunciadas tal cual por el joven Simón Bolívar. El texto fue dictado en Guayaquil, cuarenta y cinco años más tarde, por un Rodríguez en plena senectud, y a un escritor colombiano que también pudo haber introducido allí sus propias interpolaciones y correcciones. Esto no es acusarlo de falsificación: al menos en nuestras tierras, el rigor en el tratamiento de ese tipo de textos es una exigencia académica muy posterior a 1850.

Acaso más que el texto mismo, resulte revelador detenerse en las circunstancias en que el fulano juramento fue pronunciado. En primer lugar la fecha, menos el año que el día: el 15 de agosto. Estamos en pleno ferragosto, el día más caliente del año, cuando hasta la más inocente gota de vino tomada para pasar por el gaznate un frugal bocado sube en volandas a la cabeza.

Sería sin embargo irresponsable atribuirle todo eso: no por respeto a la grandeza de los dos personajes históricos, sino porque el Libertador lo recuerda diecinueve años más tarde, y siempre la resaca trata más bien de hundir esos episodios en la memoria.

Aparte del calor de esos días, debe agregarse otro elemento circunstancial, que aunque nunca se haya ocultado, se suele desdeñar: quienes subieron al Monte a jurar, no fueron dos, sino tres personas; Fernando del Toro, primo de Simón Bolívar, también estuvo allí. Esto no es simple anécdota. Por una parte, la presencia de un tercer testigo-actor le resta al asunto mucho de ceremonia iniciática, de pacto maestro-discípulo con ribetes de secretísimo ritual masónico: “secreto a dos, es de Dios, secreto a tres, ya no es”, dice el viejo refrán español (que acaso ya ellos conocían). Pero hay algo más: si dos es compañía, tres es multitud. Para temperamentos histriónicos como los de Bolívar y Rodríguez, la presencia de Fernando del Toro no es sólo la de un cómplice o de un testigo: es la presencia de un público.

Todo eso, sin embargo, es menos importante que el ambiente general, el aire que respiran los tres jóvenes desde mucho antes de llegar a Roma. Alberto Filippi ha estudiado a fondo el asunto. Para comenzar, es probable que el juramento haya sido pronunciado en el Monte Aventino, pues no era una sola colina romana la que podía pretender a la categoría de mons sacer. Esta precisión no es puntillosidad de eruditos ociosos, sino que tiene una connotación política muy precisa. Benito Mussolini tenía unos ocho años en el poder cuando se celebró en Roma el centenario de la muerte del Libertador. Ya se había producido el retiro de la oposición del Parlamento. Recordando, como es más habitual en Roma que en cualquier otra parte, la antigüedad clásica, se recordó el retiro de los representantes de la plebe al Aventino, y se llamó a esta oposición “aventinista”. Negar el carácter sagrado al Monte Aventino se volvió así, no una necesidad de rigor histórico, sino una imposición propagandística del fascismo. El cual por lo demás, convirtió la celebración del centenario de la muerte del Libertador también en ocasión de propaganda del régimen, donde no faltó la exaltación del duce latinoamericano, el césar democrático, genio de la latinidad y fascista avant la lettre.

De modo que no es sólo en Venezuela o en América Latina donde se ha utilizado la figura del Libertador como instrumento de legitimación política del autoritarismo.

Pero hay algo más, y acaso sea lo más importante. En las fiestas revolucionarias de la época, en Francia y otras partes, en medio de la búsqueda de una nueva religión laica para sustituir a ese pilar del ancien régime que resultaba ser la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, dice Filippi, …”la práctica del juramento”… “se había divulgado y había alcanzado tan poderosa carga simbólica”. Entonces, si en realidad se produjo, el “juramento del Monte Sacro” no tenía nada de excepcional.

De todas formas, aún si se tomasen al pie de la letra las acciones y los actos de Bolívar y Rodríguez, no deja de haber ocultamiento y manipulación en estos discursos de fiesta nacional. Se evita una de las frases más lapidarias de Rodríguez, escrita en 1828 :

“no hai cosa más patriota que un tonto”…
¿O sea, un idiota?

Fragmento del discurso de incorporación de Manuel Caballero como Individuo de Número de la Academia de la Historia

1 comentario

  1. xq no sale lo de q xq el se comparo con un alfarero


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    Esta Sección complementa la Sección “Bolívar un Enigma Americano” donde se presentan artículos referidos a la magia y el misterio que envuelven la Gesta Libertador de Simón Bolívar. Ambas Secciones constituyen un legado del Libertador, que ahora está al alcance del CIBERESPACIO, para profundizar en la BOLIVARIANOLOGÍA, como yo llamo a esa ciencia inédita que nos introduce en el interesante pasado americano, donde ese venezolano de nacionalidad continental llamado Simón Bolívar, fue el redentor de la extintas civilizaciones americanas, para convertirse en un Mesías que nos trajo, no sólo la libertad, el gentilicio y la nacionalidad, sino la Doctrina de una Religión que profesamos todos los nacidos o asimilados a estas prodigiosas tierras americanas: el BOLIVARIANISMO Por: Jorge Mier Hoffman