Resurrección de Boves

Pastos 2

BOLIVAR Y LA RESURRECCION DE BOVES

DOS HOMBRES Y UN DESTINO

Por: Jorge Mier Hoffman

“Habitantes de la Provincia de Caracas: Un jefe de bandidos, conocido por su atrocidad, el perverso Boves, ha podido penetrar hasta la Villa de Cura, reuniendo esas cuadrillas de salteadores esparcidos por los caminos de Los Llanos… Seguid a vuestro Jefe, que os ha conducido siempre a la victoria, y os ha dado la libertad”

Simón Bolívar

Bolívar se refería al asturiano, el hombre fuerte y valeroso conocido por sus aguerridos hombres como el “León de los Llanos”, como el “Urogallo” para los cronistas europeos y “la bestia a caballo” por los miserables pobladores que sentían la barbarie de ese monstruo asesino que tiñó de rojo los campos de Venezuela, cuyo valor y arrogancia cautivó a los aguerridos llaneros, puesto que Boves daba el primer paso en toda empresa temeraria, y a quien sus soldados llamaban sumisamente “taita”. Boves conducía un ejército de llaneros, quienes, a pecho descubierto, montura al pelo y lanza en mano, desbarataban los improvisados parapetos que les cerraban el paso, en un intento desesperado, de los humildes pobladores, por frenar la carga de muerte que llegaba con el asturiano.

Es la reacción desesperada de la población atemorizada, que intenta en vano frenar a las hordas asesinas que ciegamente siguen las órdenes de su sanguinario líder Tomas Boves, como la sombra de la muerte que arrasa los ya sufridos caseríos, dejando a su paso un dantesco escenario de devastación y muerte.

En el corazón de Boves no había espacio para la compasión, cuando celebraba en una orgía de sangre el éxtasis de su victoria: niños, mujeres y hombres, sin importar la edad, son sometidos a una brutal tortura infernal, mientras sus cuerpos temblorosos son lacerados y mutilados sin piedad…

“De pronto..! un joven implora por la vida de su anciano padre… Boves lo hace llevar ante su presencia… Impresionado por la actitud arrogante y valiente de ese muchacho, le pregunta: ¿…Hasta donde eres capaz de suplicar por su vida…? No importa lo que usted me pida, por mi padre soy capaz de todo… ¿… Si te dejas cortar las orejas sin gemir si quiera un suspiro de dolor, le perdono la vida a tu viejo..? y con la frialdad de un hijo que ama a su padre, cierra los ojos, mientras el verdugo saca su filoso machete y mulita la primera oreja… Boves está atento de oír si quiera un gesto de dolor, y con su dedo en la boca ordena el silencio de sus hombres… pero el joven aguanta con una impresionante frialdad, mientras la sangre caliente recorre su cuello… Boves ordena continuar el suplicio, para que el bárbaro mutile la otra oreja… y nuevamente el joven da muestras de una valentía sublime, que hizo reaccionar a los propios llaneros, quienes muestran en sus rostros señales de compasión… Ante tal espectáculo, Boves se da la vuelta y se dirige a su caballo, al momento que ordena… Mátenlos a todos..! Cuando unos de sus colaboradores le pregunta… ¿… Por qué matar al muchacho si pasó la prueba…? Boves le responde: Por eso mismo… demostró una valentía que mañana se convertirá en una venganza que nos devorará…”

Boves

José Tomás Rodríguez Boves nació el 19 de septiembre de 1782 en la ciudad asturiana de Gijón… En 1803 se graduó de piloto de la marina mercante, lo que le permitió viajar a Venezuela, donde se le acusó de contrabandista y fue arrestado en Calabozo… Luego se convirtió en comerciante y se dedicó a la compra y venta de ganado… Aunque inicialmente era partidario de la independencia de 1810, por su resentimiento social asumió el rol del líder de los marginados llaneros, apoyando la sublevación del realista Domingo Monteverde, cuando cayó la Primera República, y Bolívar sufrió su primer exilio.

“Boves es un hombre cruel que no parece haber sido amamantado con leche de mujer, sino con la de los tigres y las furias del infierno”

Simón Bolívar

Boves era un hombre sobresaliente y de un porte de líder indiscutible, que tuvo la habilidad y la inteligencia de utilizar como bandera “el odio de clases”, alimentado por la esclavitud y el resentimiento de pueblos sumido en 300 años de tiranía española… Mientras los republicanos invocaban la independencia, manteniendo inalterables sus privilegios económicos sustentados en la esclavitud y el latifundismo que heredaron de la monarquía española, Boves con prédica demagógica, levanta a la gente de color contra los blancos y mantuanos, como la clase social privilegiada a la cual pertenecía el Libertador Simón Bolívar y la mayoría de sus colaboradores… De esta manera, Boves marcaba una diferencia entre el ejército patriota y sus hordas de bandoleros; que al fin y al cabo, constituían la mayoría del pueblo marginado de la Provincia de Venezuela, congregados y relegados en la región inhóspita de los llanos.

Llanos

Boves aumenta su popularidad cuando incita a la lucha de clases como un acto revolucionario de justicia y libertad, ante la opresión y la esclavitud de la oligarquía explotadora de los campos: exige la tierra de los blancos para ser repartida entre los pardos; su lucha intentaba cautivar a la marginada población indígena esclavizada por las misiones; libera a los esclavos de color y les otorga los cargos más importantes en su improvisado ejército… El principal problema que representaba Boves para los líderes de la revolución bolivariana, era su neutralidad ventajista para cautivar al pueblo, ya que no se presentaba como afecto al rey de España Fernando VII, y por otra parte criticaba el sistema republicano adoptado por la oligarquía mantuana tras la victoriosa Campaña Admirable protagonizada por Simón Bolívar, el Libertador… Como bien dijo el escritor Enrique Castellanos:

“A su regreso de Angostura y al frente de su legión infernal, Boves, bajo el cobijo de una bandera negra, corta el hilo de la vida, echando a volar sobre los cielos del llano los cuervos negros de la infamia, permanentemente inflamados por el no menor rencor de la venganza”

Es así como de las entrañas de Venezuela surge un ejército devastador que partía de los Llanos, para desmembrar los pelotones patriotas diseminados en toda la vasta extensión del territorio… Era un ejército implacable que crecía y crecía con reclutas tomados de las propias tropas republicanas… no por una convicción ideológica, sino por el temor de ser aniquilados en tormentos de torturas, ya que la consigna de Boves era implacable: no tomamos prisioneros..!

Boves y Guerra

Al terminar el año de 1813, la situación para Simón Bolívar es nada envidiable: El gobierno no ha logrado instrumentar los programas sociales que había prometido, la situación económica se agrava con el embargo económico impuesto por los países europeos y la neutralidad que mostraban los Estados Unidos a favor de España, la anarquía. y los focos de guerrillas que se sucedía en todos los rincones del país, lo que hacía insostenible el gobierno de Bolívar… Son problemas que debe atender de manera inmediata, y que no le permitían dedicar el tiempo suficiente a la gobernabilidad de una nación surgida de 300 años de esclavitud española… en fin, todo se agrava con la presencia de Boves, quien había logrado lo inimaginables para el Libertador:

Convertir a los propios venezolanos en enemigos entre ellos mismos y enemigos del movimiento revolucionario e independentista de Simón Bolívar

Ya el problema no era España ni los invasores… no se trataba de expulsar a los españoles y canarios… ahora la lucha de clases y la anarquía interna, hacía estragos en la sociedad, con resultados aún más desastrosos que la propia Guerra a Muerte, cuando fue decretada por Simón Bolívar para frenar los crímenes que cometían los peninsulares en nombre de España… Al respecto de la Guerra a Muerte, recordemos las reflexiones de Bolívar en esos momentos cruciales en la reconstrucción de la Patria:

“El comandante español Zuasola, con feroz frenesí, de que no hay ejemplos en los anales del crimen, decapitó la mayor parte de la población pacífica de Aragua; hombres, mujeres, niños sin distinción alguna. A los demás los hizo desollar vivos y arrojar a un lago venenoso para poner fin a su existencia. Ni las mujeres en cinta, ni un sólo individuo, se escapó de la furia de ese monstruo. El español Rosete, al entrar a la población de Ocumare cerca de Caracas, resuelve igualar a su compatriota Zuasola y excede a todos los demás en crueldad. Sus desgraciadas víctimas fueron sacrificadas al pie del altar, donde se refugió la población… Entre otras torturas de su invención, hacía arrancar la piel de las plantas de los pies y los obligaba a correr por la arena caliente hasta morir… A otros los ataba a un poste y luego de arrancarles las entrañas, los dejaba pasto de los insectos”

La extensa e inhóspita región de Los Llanos, se convirtió en una cantera inagotable de hombres que se sumaban a las bandas de forajidos de Boves, y desde allí, iban y venían causando estragos, muerte y desolación en todos los rincones del país… Boves inspirado en sus triunfos y escaramuzas, ahora reta a Bolívar en una batalla decisiva, al dirigir su ejército hacia Caracas.

El 1º de febrero de 1814, Boves sacude los cueros de su caballería, y con sus largas lanzas de tres metros, los llaneros se dirigen a la capital. Le acompaña el sanguinario Rosete, tan sádico como él… Caen como vampiros sedientos de sangre sobre los Valles del Tuy… El patriota Campo Elías intenta en vano detenerlos en La Puerta, pero cae derrotado… Bolívar al tener noticias de este revés, concentra sus tropas en Valencia, en la desesperación de frenar la maquinaria asesina que se dirigía a Caracas… En la Guaira, llena de prisioneros y escasas tropas, la única vía es su fusilamiento, incluyendo a los enfermos… Una difícil decisión para Bolívar, pero necesaria, tomando en cuenta el tamaño del enemigo que amenazaba la paz de la República… Finalmente… Boves, triunfante entra a Valencia el 9 de julio, para saciar los más bajos instintos de ese ejército de bandoleros que lo acompañaban.

Torreon en La Guaira

Torreón de La Guaira, donde ocurrió el fusilamiento de prisioneros

Como escribió Llamozas, capellán y cronista de Boves:

“Lo de Valencia fue una noche de San Bartolomé, donde se mata a los hombre y se veja a las mujeres. Durante varias noches que duró el tormento, a los hombres se alancean, como hacen los matadores con los toros en los ruedos. Boves, en su furor de cómitre, agita el látigo y hace que las damas bailen el “periquito”, un son de la época, mientras sus esposos son cazados con las largas lanzas. Es un holocausto satánico e necesario… A las damas que habitaban la residencia del gobernador, las ataron a la cama y con un filoso cuchillo les cortaron los pezones, en un éxtasis de alaridos de lujuria y violación”

Ante el temor que inspiraba la presencia de Boves, y la amenaza en que sus designios sangrientos llegaran a Caracas, Bolívar convierte la ciudad en un bastión impenetrable con murallas y obstáculos improvisados que sitiaban la ciudad en sus cuatro puntos cardinales… Por varios días estuvo la población inmersa en la incertidumbre, cuando llegaban las noticias del avance indetenible de Boves… Fueron varios días de desesperación que vivieron sus habitantes, donde niños y mujeres fueron convertidos en soldados de la Patria… Así los describió Eduardo Blanco:

“Excepto el agua, que las frecuentes lluvias de la estación les proporcionaban con alguna abundancia, los sitiados carecen en absoluto de medios de subsistencia. El poco ganado, y los escasos cereales y raíces que se habían podido introducir en la ciudad antes de ser cerrada, hacía ya muchos días que se había consumido, así como los caballos y los burros; y aquel hambriento pueblo, después de devorar los más inmundos animales, roe con desesperación las piltrafas de cuero que antes hubiera despreciado y hasta las suelas de sus propios zapatos”

Insaciable de sangre y morbosidad enfermiza, Boves no desmaya en la infame tarea que ha comenzado en su sarao de lujuria, lo cual disfruta a plenitud, mientras llueve el oro de los terratenientes que pagan para no ser degollados… Y para continuar disfrutando ese éxtasis de terror, envía a Morales a tomar Caracas… ya se sabía de la huída de Bolívar y la mayoría de la población rumbo a Barcelona, luego del discurso de resignación que promulgó Bolívar

“Terribles días estamos atravesando: la sangre corre a torrentes; han desaparecido los tres siglos de cultura, de ilustración y de industria; por todas partes aparecen ruinas de la naturaleza o de la guerra. Parece que todos los males se han desencadenado sobré nuestros desgraciados pueblos”

Emigración de Oriente

¡.. A Oriente…! ¡.. A Oriente…! Vamos a reparar nuestros desastres y proseguir luchando

Así gritaba el Libertador para convidar al pueblo caraqueño a abandonar la ciudad… El 7 de julio de 1814, más de 20 mil personas toman la vía de Barcelona, dirigidas por una pequeña tropa al mando de su Libertador … “La Emigración de Oriente”… Así llama la historia patria los acontecimientos de esa extraordinaria aventura, cuando los caraqueños huyeron de las hordas asesinas de Boves, en su lujuria de saquear la capital y asesinar a los blancos mantuanos… A las órdenes del Libertador, el pueblo seguía por un sendero infernal hacia un destino incierto… Esa travesía significó penetrar en selvas infestadas de fieras y alimañas; riscos y precipicios; ciénagas y tierras movedizas… Sólo los más fuertes, los más osados y en mejores condiciones físicas, eran capaces de soportar las inclemencias de la travesía… Tales fueron la condiciones infranqueables que se les presentaron durante todo el recorrido, que más de la mitad de la caravana humana pereció antes de llegar a su destino… y mientras la mayoría quedaban atrás por la extenuante faena, Bolívar daba muestras de infatigable aliento para abrirse camino entre la maleza, organizar a la gente, cargar con los más débiles, curar a los enfermos, hacerse de agua y alimentos, y como si fuera poco, organizaba su precaria tropa para cuidar la retaguardia y evitar un asalto sorpresa a manos de Morales.

¡¡¡Lo demás es historia conocida!!!

Muchos murieron en la travesía infernal; algunos que sobrevivieron, huyeron a Trinidad, isla en poder de Inglaterra, donde fueron repatriados, por un Acuerdo de Ayuda Mutua que tenían España e Inglaterra, para terminar sus vidas en las mazmorras; mientras una pequeña parte huyó hacia Cartagena e islas vecinas, donde encontraron la tranquilidad de un refugio político.

El 16 de octubre Boves ocupa Cumaná, y siguiendo su ruta de sangre, como de costumbre, pasa a cuchillo a todos los habitantes, incluyendo a las mujeres, niños y ancianos… Más de 1000 personas quedan tendidas en las calles, mientras la banda de forajidos irrumpe los hogares, violando a las mujeres y torturando a los hombres en busca de sus riquezas.

Luego de cometer todo tipo de infamias, el 5 de diciembre de 1814, Boves reorganiza sus fuerzas para aniquilar a los insurrectos patriotas en la Batalla de Urica, en un fogonazo final que destrozó los últimos vestigios de tropas republicanas al mando de Ribas y Bermúdez.

Boves no pudo celebrar esta victoria que entierra la Segunda República: una lanza republicana surgió inesperadamente entre el fragor de la derrota del ejército patriota, para cegar su vida en el momento culminante de la batalla… Urica enterró la Segunda República y la vida del sanguinario Boves… Pero su nombre dejó una amarga experiencia en Bolívar… Boves… al que Bolívar no pudo vencer, y por el contrario, sucumbido ante la fiereza temeridad, heroicidad, valor e inteligencia, de ese monstruo sediento de sangre, al que todos temían con sólo escuchar su nombre: “Boves”… Así lo escribió Blanco Bombona:

“En Urica muere Boves y muere la Patria… Y como símbolo de que ella muere allí en la carnicería subsiguiente, perece el himno nacional… Muere su autor, el músico Landaeta… Muere el pensamiento de la República en la persona del brillante y profundo Lic. Sanz… Muere allí el virtual inteligente diputado Francisco Javier Ustáriz… Lo único que no muere y escapa en manos de Ribas y Bermúdez, es la bandera nacional”

Tres meses antes en Carúpano, el 7 de septiembre, el Libertador había profetizado su destierro, al reflexionar sobre las causas de la pérdida de la Segunda República, en un Manifiesto lleno de sentimientos, frustración y esperanzas:

“Vuestros hermanos y no los españoles han desgarrado vuestro seno, derramado vuestra sangre, incendiado vuestros hogares y os han condenado a la expatriación”

En su Manifiesto de Carúpano, Bolívar jura volver a liberar a Venezuela:

“Yo os juro, amados compatriotas, que este augusto título de Libertador, que vuestra gratitud me tributó cuando os vine arrancar las cadenas, nos será vano. Yo os juro que Libertador o muerto, mereceré siempre el honor que me habéis hecho; sin que haya potestad humana sobre la tierra que detenga el curso que me he propuesto seguir hasta volver a libertaros”

Esta vez fueron los venezolanos y no los españoles los que obligan a Bolívar a su segundo destierro… Lo que nunca se imagino Bolívar, es que ese nombre al que todos temían: “Boves”… no murió en Urica, sino que resucitará en la peor de todas las batallas que debió enfrentar el Libertador, para consagrar la Revolución Bolivariana.

espacio y bolívar

Y cumplió su promesa… Bolívar regresó a liberar a Venezuela, luego de recuperar el bastión de Angostura y derrotar a los realistas en Nueva Granada… Con Venezuela y Colombia libres del dominio español, Bolívar extiende su mirada libertadora hacia el Sur del continente, para liberar: Quito, Guayaquil, Panamá y el Perú… El 21 de diciembre de 1821 se despide de sus amigos en Bogotá… Lo espera una dura resistencia en la localidad de Pasto, como nunca antes había enfrentado en todas sus batallas… Pero ahora… esa misma horda de bandoleros que seguía ciegamente a Boves, bajo el liderazgo de Páez, se convirtió en un disciplinado ejército de lanceros que acompañaban al Libertador en la dura travesía de las montañas.

Mientras Antonio José de Sucre ingresó a Guayaquil por vía marítima, Bolívar lo hace por tierras arraigadas al sentimiento y solidaridad española, y cuyos habitantes veían como herejes a los invasores con discursos patrióticos.

san juan de pasto

Pastos era un aislado caserío internado en la cordillera andina… Su altura de más de 2500 metros sobre el nivel del mar y con temperaturas heladas de 5 ºC, hacían de la región un infierno helado de difícil acceso por camino de montañas, ríos y desfiladeros mortales… Allí se concentraban la mayor cantidad de indígenas quillacingas, pastos e iscuandés, como sobrevivientes de la conquista española, quienes estaban sometidos por un férreo sistema latifundista que imperaba en la región a manos de una oligarquía recalcitrantes de origen español… Pasto pasó a formar parte de la Provincia de Popayán luego de la independencia de Colombia en 1819, y desde ese momento, sus habitantes se declararon enemigos de la independencia, y defensores de los derechos del rey Fernando VII.

La ferocidad de los lugareños sorprenderá al aguerrido Bolívar, quién por momentos estará a punto de renunciar a su campaña, y tirar por tierra su prestigio militar y su fama de lograr imposibles… Al respecto Bolívar gritaba al viento:

“Pasto… Pasto… país enemigo asolado y mortífero… Pasto es el propio infierno”

LA MADRE DE TODAS LAS BATALLAS

No fue Carabobo, ni Araure, ni La Puerta, ni Junín, ni ninguna de las 450 batallas que hicieron famoso a Bolívar como guerrero y espadachín… la más sangrienta de todas las batallas fue en Pasto, donde Bolívar librará la “madre de todas las batallas”… porque en esas montañas infernales que cobijan a un pueblo indomable, resucitará el espíritu combativo de su antiguo archienemigo: “Boves”.

Pastos

Los combates de guerrillas que tantas veces contribuyeron a los triunfos de Bolívar, era el estilo de pelea que utilizaban los pastusos, como conocedores del terreno, acostumbrados a las alturas, de constitución física para soportar las lluvias invernales, con suficientes alimentos, y protegidos en abruptos parajes desconocidos para los patriotas… En esas regiones infernales, Bolívar se conduce prudentemente por esos abruptos pasajes helados, y para su sorpresa, el enemigo estaba en todas partes: aparecía en cada desfiladero y desaparecía como por arte de magia luego de causar terribles daños al ejército libertador… En ninguna otra región de América, España encontró mayor solidaridad que en la localidad de Pasto, y Bolívar no encontró mayor resistencia y heroicidad de su oponente, como en esta inhóspita región, puerta de entrada a Quito y Guayaquil… Bolívar conducía por un desfiladero infernal sembrado de trampas y emboscada, con 4000 enemigos que los superaban abiertamente y utilizaban a su favor las ventajas del terreno… En comunicación a Santander Bolívar muestra su desesperación:

“Todos los caucanos desertan y todos los demás también desertan, enferman y mueren. Esto es peor que Venezuela… Nuestra caballería llegará sin caballos, nuestros bagajes se perderán todos, no tendremos pan, el ganado será muy escaso porque se pierde y se cansa en el camino, las enfermedades serán infinitas”

Así mismo suplica a Santander en tonos de desesperación:

“… haga usted cuanto pueda para que me vengan de todas partes hombres y dinero: Hombres y dinero, repito, pues con estos elementos se consigue todo el mundo”

Pero Simón Bolívar era impredecible en su personalidad… y mientras estaba envuelto en la desesperación de la guerra, encuentra aliento en el amor de una mujer y el momento de inspiración para escribir una carta de amor a Bernardina Ibáñez, joven de 17 años que conoció en Bogotá:

“Mi adorada Bernardina… lo que puede el amor..! No pienso más que en ti y a cuanto tiene relación con tus atractivos. Tu eres sola en el mundo para mí”

Pero la realidad de la guerra era superior a las fantasías eróticas del Libertador… El enemigo hacía estrago en su ejército, que no encontraba manera de acceder los estrechos caminos de montaña minados de francotiradores, y avalanchas de piedras que caían sorpresivamente desde las alturas… Una nueva comunicación a Santander evidencia el grado de desesperación de Bolívar:

“En el cauca nos hemos enfermados todos, todos, todos, y aquí caen 64 hombres por día de una columna de 1000… No sé amigo si a usted le parecerá exagerado; lo que le puedo asegurar es que yo quisiera tener tanta fe en el Evangelio como tengo en esta pistola. Por más que cavilo, no encuentro el modo de realizar nuestra marcha por Pasto”

La resistencia del enemigo mermaba poco a poco la ofensiva patriota, que no podía avanzar, sin el riesgo de dejar en el camino a hombres y pertrechos… ¿…Pero quién estaba detrás de esta matanza..?

Nada más y nada menos que un nombre que evocaba el terror de ¡¡¡Boves!!! Nuevamente su ferocidad sanguinaria parecía resucitar de su tumba, que como un espíritu maligno se posesionó del alma de Boves, sólo que éste se llamaba Benito Bobes, quien era llamado por sus hombres a asecas “Bobes”…  Bobes era un nombre que evocaba temor entre las filas patriotas, inspiraba aires de venganza entre los pastusos y esperanzas entre los fieles al Rey Fernando VII; pero sobre todo, evocaba aires de venganza en Bolívar por el destino incierto que tuvo que sufrir tras la caída de la Segunda República

Nuevamente el nombre de Boves se cruzaba en su camino… y en ese instante preciso en que sus hombres desertaban ante la incertidumbre de lo inesperado, y había perdido a casi todas las bestias por ese transitar infranqueable de senderos de piedras y filosos acantilados, Bolívar reúne a sus tropas para inyectarle la energía glorificante que tantas veces salvó una batalla: Debido a que los aguerridos pastusos preferían morir antes que renunciar a su lealtad a Fernando VII, había que declarar la Guerra a Muerte al Coronel Basilio García, líder de los rebeldes, considerado uno de los más sanguinarios, crueles e idealistas soldados españoles, y quien contaba con Boves, sobrino de esa figura legendaria de destrucción y muerte que azotó a Venezuela.

Para el Libertador, es la oportunidad de reivindicarse ante lo que significaba “Boves”… y al amanecer de mediados de marzo de 1822, las tropas republicanas se pusieron en marcha por un quebradizo camino de montaña… Un cronista escribió:

“Los patriotas enrojecieron con su sangre las aguas del Juanambú y el Guáitara, mientras muchos combatientes se quedaban en el camino”

Efectivamente, los patriotas eran blanco fácil para la guerrilla… Sólo la orden de continuar sin importar la vida, permitía el avance indetenible de los hombres de Bolívar… Poco a poco, la táctica de disparar y esconderse fue cediendo terreno a los patriotas, quienes obligaban a los guerrilleros a retirarse de sus escondrijos… No había tiempo de atender a los caídos… los soldados avanzaban sin detenerse y sin importar el destino de sus compañeros que quedaban atrás…

Pero lo peor aún estaba por venir..!

PARAMO

El 6 de abril de 1822, los patriotas acamparon en la hacienda de Consacá, cerca de la quebrada de Cariaco… Un paisaje aterrador se presentaba ante sus ojos: laderas que no ofrecían ninguna protección y un objetivo convenientemente protegido en trincheras naturales, que los hacían inaccesibles desde cualquier punto del terreno…

Al fondo, la sobria silueta del volcán Galera con su eterna fumarola, como el volcán más activo de Colombia, y que sería digno testimonio de la furia que allí estaba próximo a desbocarse entre dos bandos imbatibles… Bolívar hacía lo imposible por no mostrarse decepcionado por la falta de apoyo del gobierno de Colombia… Nuevamente estaba sólo con su guerra, como si la independencia más que un objetivo americano, era un capricho personal…

En la penumbra de la noche y cuando las fogatas mitigaban el frío invernal, sus hombres oraban por sus compañeros abandonados en la infernal travesía… Pero el Libertador sabía que lo peor estaba por pasar… Reunió a sus oficiales y le planteó con toda crudeza el teatro de guerra: No había manera de protegerse del fuego de artillería que aniquilaría sin piedad a las tropas de avance… las posiciones enemigas no permiten un ataque por flancos o retaguardia… Sólo el tiempo entre carga y descarga de los fusiles y artillería del enemigo, les darían a sus hombres el tiempo para avanzar y lanzarse al piso en un fallido intento de evitar el plomo incesante… Avanzar… avanzar… y avanzar… sin mirar atrás, era la única opción que tenían para ganar el espacio requerido en su marcha hacia Quito.

A la mañana siguiente, se encontraron frente a frente los bandos enemigos… Bombona fue una de las batallas más encarnizadas de independencia… Bombona acumuló la mayor cantidad de muertos en una sola batalla; y para Bolívar, resultó la mayor cantidad de bajas sufridas… El enemigo en un número superior a los 4000, superaba abiertamente a los 2400 patriotas… El General Basilio García, había escogido un terreno insuperable para proteger a sus hombres, desde donde podían divisar a cada soldado, mientras Bobes colocaba estratégicamente a sus certeros francotiradores.

Al primer intento de avanzar, decenas de patriotas caen abatidos ante los certeros disparos de artillería… El plan de avanzar sin retroceder se cumple a un alto costo, ya que prácticamente todos los oficiales patriotas caen muertos en el campo de batalla junto a sus tropas… Bolívar nada podía hacer para evitar la masacre… en sus notas, ya tenía un cuadro de sustitución de los oficiales que inevitablemente caerían, y en esa medida iba ordenando los cambios para continuar la batalla… Los batallones insignes de la independencia: Vargas y Bogotá desaparecieron completamente, mientras los soldados continuaban ganando terreno al enemigo… El patriota Torres cae sobre el ala derecha del enemigo en un intento desesperado de apagar el fuego de artillería, pero es rechazado y muere en el intento… El implacable Boves se había adelantado a los planes de Torres… Lo sustituye Carvajal quién hace lo mismo, pero sufre igual suerte que sus compañeros de arma…

Al igual que en Nueva Granada y como será en Guayaquil, Perú y Bolivia, los llaneros entregan sus vidas por liberar a pueblos hermanos… es el gesto de hombres con sangre bolivariana, cuyo valor y heroísmo no tiene comparación en los anales de la historia de los pueblos libertadores…

Bolívar no puede hacer nada… espera pacientemente que sus hombres ganen terreno cubriéndose con los cuerpos de sus compañeros tendidos en el campo… no se pueden atender heridos y mucho menos descansar… Más de 800 cuerpos sin vida marcan la ruta hacia la victoria… y entre un ruido ensordecedor llega la noche… Al resplandor de los disparos, el campo de batalla le muestra a los patriotas el camino a seguir para desplazar al enemigo… la oscuridad resultó ser una ventaja para Bolívar: el enemigo no podía divisar el avance de los soldados, mientras que la luz de sus rifles señalaban su ubicación… Ante esta ventaja, los pastusos abandonan el campo de batalla con muy pocas bajas.

A la mañana siguiente, los patriotas habían ocupado el terreno a un alto precio de más de 1300 bajas entre heridos y muertos… Bombona había aniquilado prácticamente el ejército de Bolívar. Los enemigos se retiraron a su localidad de Pasto, teniendo que ceder el terreno que requería Bolívar para continuar su marcha indetenible hacia Quito…

En un gesto de burla y sarcasmo a la heroicidad de los patriotas caídos en batalla, el General Basilio envió al Libertador dos banderas capturadas a sus batallones desaparecidos, con la siguiente nota:

“… a los maltrechos patriotas… En vista de que el encuentro no había causado a Colombia otra ventaja que llanto y confusión, le envío un salvoconducto si deciden eplegarse a Popayán, para no exponerse a la venganza de los valientes pastusos”

Lo cierto para Bolívar y lo que ignoraba Basilio, es que Pasto era el paso obligado para continuar su indetenible marcha hacia Quito y colaborar con Sucre en la toma de esa ciudad… Nunca estuvo en los planes del Libertador aniquilar a esa valerosa población fiel a los preceptos de la Corte Española… Al respecto, Bolívar escribe:

“En Bombona, ambos contendientes perdieron la batalla: nosotros la fuerza y los españoles el campo”

Después de la batalla, Bolívar debe aguardar pacientemente el arribo de refuerzos para doblegar a los pastusos… Próximo estaba por llegar el General Jacinto Lara con 1800 hombres que reforzarían el ejército Libertador… En sus nuevos planes, ya no se trataba de lograr el atajo que lo condujera a Quito… ahora Bolívar tenía al frente a un temible enemigo que debía aniquilar si quería la paz en esa región. Bolívar:

“Ahora tenemos derecho a tratar a todo el pueblo de Pasto como prisioneros de guerra, porque todo él, sin excepción nos hace la guerra”

Y Mientras Bolívar conduce su ejército hacia ese infierno llamado Pasto, el 24 de mayo de 1822, el General de Brigada Antonio José de Sucre, ordenaba posiciones en la cima del volcán Pichincha, para enfrentar al temible ejército del Mariscal Melchor Aymerich. Sucre con tan solo 27 años de edad, tenía instrucciones del Libertador de hacer todo lo conducente para tomar Quito… No obstante la inferioridad de los patriotas, lograron vencer a los realistas con el siguiente resultado: 500 muertos, 1190 heridos y 1260 prisioneros.

Quito ya esta liberada y su pueblo vitoreaban el deseo de incorporarse a la Gran Colombia… Pero el Libertador aún no lo sabía… y con todo su ejército dispuesto a aniquilar a los rebeldes, avanza hacia las puertas de Pasto, bordeando los obstáculos y barricadas colocadas en su camino… Al percatarse de la firme intención de Bolívar, el General Basilio García no le quedó más opción que rendirse, conciente de que su actitud sólo lograría mayores muertes entre la población… Pero Boves huyó hacia las montañas con buena parte del pueblo rebelde… El 8 de junio en la tarde, Bolívar entra a la indomable Pasto… La desolación se percibía en las calles… No había júbilo por esta acción… Las autoridades lo reciben con respeto y el General García le entrega su espada en gesto de rendición; sin embargo el Libertador se la devuelve con expresiones generosas por ser un digno contrincante… El Obispo de Popayán Salvador Jiménez, condujo al Libertador a la catedral donde se había congregado la población, para rendir los honores correspondientes… Refiriéndose al discurso elocuente del clérigo, Bolívar escribe a Santander:

“… es un hombre entusiasta y capaz de predicar nuestra causa con el mismo fervor que lo hizo a favor de Fernando VII”

Bolívar emprende su marcha hacia Quito para celebrar con Sucre la victoria de Pichincha… Lleva la desilusión de no haber capturado al sobrino de su recordado enemigo, Boves… El 16 de junio de 1822, Bolívar a la cabeza de su séquito de soldados entra a Quito… A diferencia de Pasto, el pueblo era una algarabía de celebraciones y agasajos en honor a los venezolanos… Sucre y Bolívar eran vitoreados como los héroes del Ecuador… Por fin Quito era libre del yugo español… Las calles de la ciudad se convirtieron en una alfombra de flores, que desde los balcones lanzaban las jóvenes quiteñas que devoraban con sus ojos a la figura atlética del Libertador… Había llegado le héroe de mil batallas, el hombre más poderoso de América… Bolívar con su sombrero saludaba a la multitud, cuando una corona de guirnaldas toca su frente… Desde uno de los balcones colindantes a la Plaza, la bella Manuelita Sáenz Aispuru, había seducido al Libertador con ese gesto de sumisión y admiración a tan ilustre personaje… Bolívar y Sucre son llevados a un estrado de madera especialmente diseñado para tan solemne homenaje… Las jóvenes más bellas ataviadas con trajes típicos, conducen a los venezolanos al podium… Una dama de la aristocracia de nombre María Arboleda, le coloca sobre su cabeza una corona con una diadema de plata… Bolívar, se la quita y la coloca sobre su compatriota Sucre, expresando a la multitud:

“Esta corona corresponde al vencedor de Pichincha y al libertador de Quito”

El General Guillermo Miller, describió la imagen del Libertador en ese momento de gloria y felicidad para la Gran Colombia:

“Bolívar con 39 años de edad, tenía el rostro pálido, pelo negro con canas, y ojos negros penetrantes… Su nariz bien formada, frente alta y ancha. Barbilla afilada; la expresión de su semblante era cautelosa, triste y algunas veces de fiereza”

Así como Bolívar fue cautivado por la quiteña de 24 años de edad Manuelita Sáenz, Sucre lo fue de la Marquesa de Solanda, Mariana Carcelén, otra quiteña que seis años después le daría una hija al vencedor de Pichincha y Gran Mariscal de Ayacucho… Pero no todo es felicidad… el fantasma de Boves vuelve a revivir momentos de angustia para Bolívar.

Cuando todo está preparado para volar al Perú, le acecha el nefasto pasado de la derrota, encarnado en el sobrino de Boves, quien organiza nuevamente un ejército de pastusos para arremeter contra las tropas libertadoras… Al conocer la noticia, Bolívar expreso:

“Otra vez ese maldito país de Pasto…otra vez Boves…”

Ahora la situación exigía medidas extremas… Bolívar selecciona a su mejor hombre, Antonio José de Sucre, el vencedor de Pichincha, para que conduzca un batallón de 2000 hombres contra los rebeldes pastusos comandados por Boves, con la instrucción de aniquilar de una vez por todas a ese imbatible ejércitos rebelde… Pero éstos resultaron ser mucho más aguerridos que los patriotas, y el 24 de noviembre de 1822, Sucre es derrotado… Bobes inspirado en la victoria, y subestimando al genio militar de Sucre, sale en su persecución, cometiendo la imprudencia de destruir el puente sobre el río Guáitara que quedaba a sus espaldas… Craso error… Bobes con la misma arrogancia heredada de aquel Boves que sepultó la Segunda República de Venezuela, quería evitar que los patriotas escaparan, pero nunca pensó que ese puente pudo haberle salvado la vida a la mayoría de sus hombres, ya que Sucre lo esperó en la localidad de Yacuanquer, donde se sucedió una sangrienta batalla que acabó con la mayoría de los rebeldes… Conciente de su derrota, y con el mismo espíritu combativo que heredó de su tío, Boves se refugia en Pasto para emboscar las tropas de Sucre, aupando a un pueblo sumiso a los designios del rey de España… Prácticamente toda la población de hombres y mujeres, protegidos desde sus casas y hasta en la iglesia, disparaban contra los patriotas, en un fuego cruzado e intermitente… Boves coloca a sus francotiradores estratégicamente ubicados en el campanario… Ese diciembre quedará en la historia trágica de Pasto, como una fecha de dolor, muerte y sufrimiento.

Al final… la sangrienta lucha favoreció a las fuerzas de Sucre con un lamentable saldo de cientos de ciudadanos muertos esparcidos en las calles… Los aguerridos pastusos pagaron con sus vidas la osadía de enfrentar al ejército patriota… pero en la lista de los muertos no apareció escrito el nombre de Bobes…

Sucre se había convertido en la única persona en quién el Libertador podía confiar aquellas proezas que sólo él podía realizar… Pero el destino le tendrá reservado un trágico final, cuando ocho años más tarde, transitando por el camino de montaña de Berrueco, que domina la región de los pastusos, el espíritu sanguinario de Boves resucitará nuevamente, y Sucre caerá abatido por una horda de asesinos que provenían de “ese maldito país de Pasto”, como una vez los llamó Bolívar.

MuerteMariscalSucre

¡¡¡No es, por lo tanto descabellado ni de extrañar!!! que uno de los francotiradores que emboscaron a Sucre el 4 de junio de 1830, sea el propio Bobes, recordando al “León de los Llanos”, cuyo espíritu sanguinarios resucitó con furia y frenesí en el ímpetus de Benito Bobes, y en el ánimo de los rezagados lugareños que habitaban la inhóspita e imbatible Pasto, para enterrar con la muerte de Sucre la Tercera República como una vez lo hizo aquel Boves al sepultar la Segunda República.

12 comentarios

  1. Emocionante la verdad de un país que tiene un quiste colonial arraigado en lo más profundo de sur ser. Gracias compañero ¡¡¡¡

  2. El primero dijo: “…en horrible matanza que siguió, soldados y paisanos, hombres y mujeres, fueron promiscuamente sacrificados y se entregaron los republicanos a un saqueo por tres días, y a asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes; hasta el extremo de destruir, como bárbaros al fin, los libros públicos y los archivos parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas”. Mientras que el segundo cuenta: “No se sabe cómo pudo caber en un hombre tan moral, humano e ilustrado como el general Sucre la medida altamente impolítica y sobremanera cruel de entregar aquella ciudad a muchos días de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada; las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho salióse a la calle llevando a su hija de la mano para entregarla a un soldado blanco antes de que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiados fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir tantos actos de inmoralidad…”. Pruebas irrefutables de la masacre de Sucre provoca en Pasto.

  3. Parece ser que la censura funciona muy bien en su bitácora. Busque Navidad Negra de Pasto para leer lo que este texto omite sobre Sucre.

    • y no solo eso … cuando esta a punto de caer la 1ra. republica… BOVES DUEÑO DE UNA PESA (CARNICERIA), PRESTAMISTA Y DUEÑOS DE CABALLOS ?? SE OFRECE A LUCHAR CONTRA LOS ESPAÑOLES QUE LO PUSIERON PRESO POR CONTRABANDISTA.. Y LA LA OLIGARQUIA MANTUANA… LO METIO PRESO… DESPUES SALIO CON SED DE VENGANZA.. CLARO NO SE JUSTIFICA LA MATANZA QUE HIZO DESPUES … “OTRO GALLO HUBIERA CANTADO SI LOS MANTUANOS DE LA EPOCA ACEPTA AL ASTURINO” EN LAS FILAS INDEPENDENTISTAS

  4. Las palabras escritas en el primer comentario son de personajes independentistas. El primero del voluntario irlandés Daniel Florencio O’Leary y el segundo del general José María Obando.

  5. guao que triste historia no la sabia hoy se cuanta sangre se a derramado para disfrutar la tranquilidad deberiamos de ser mas celoso con nuestra patria, pocos le han dado

  6. en las escuelas liceos deberian dedicarles mas a la historia

  7. TENEMOS 200 AÑOS DE MENTIRAS Y MEDIAS VERDADES… “POR EJEMPLO SE HABLA POCO O NADA DE QUE EL PRIMER EDECAN DE SIMÓN BOLÍVAR FUE DIEGO IBARRA”… VEASE “SIMÓN BOLÍVAR EN EL DIARIO DE BUCARAMANAG” POR LOUIS PRÚ DE LA CROIX…

  8. ¡Qué requetemalos los españoles! Menudo panfleto antihistórico, Maduro le recompensará, seguro.

  9. Este escrito contiene graves errores; por solo mencionar dos: Benito Boves jamás combatió en la Batalla de Bomboná, sino que fue capturado en la Batalla de Pichincha, y siendo prisionero en el fuerte del Panecillo en Quito, fugó con el Indomable pastuso Agustín Agualongo, y juntos levantaron la insurrección de Pasto a finales de 1822 la cual fue conjurada por Sucre en la infame Navidad Negra, la cual por cierto este escrito solo menciona de manera tangencial sin reparar ni ahondar en su verdadera crudeza, seguramente por no querer el autor aceptar la realidad de que tanto Sucre como Bolívar fueron tanto o más crueles incluso que sus contrincantes peninsulares. La Navidad Negra es de hecho la primera masacre cometida en lo que hoy es Colombia, y sus autores fueron Bolivar y Sucre. El segundo error es la cantidad de combatientes del lado realista presente en la Batalla de Bomboná: No superaban los 1100 hombres frente a un enemigo republicano que lo doblaba en número. De aquel ejército realista casi la mitad fueron milicias pastusas que no eran soldados de ley sino tropas temporales convocadas al momento. Y fueron esas tropas de campesinos aguerridos pastusos las que doblegaron a los patriotas. La batalla de Bomboná fue un desastre para los patriotas más que todo por la improvisación, la terquedad y el ego de Bolívar, quien ciego en su vanidad no dudó en mandar ejércitos enteros al matadero. Quien mató a los Batallones Vargas, Bogotá y a 80 hombres del batallón venezolano Vencedores fue su mismo comandante bolivariano en persona.

  10. A propósito del Bicentenario de la Batalla de Urica: 5-12-1814 / 5-12-2014
    FUE ZARAZA QUIEN MATÓ A BOVES
    Por Víctor Belis

    UNA CIUDAD PARA LA HISTORIA
    Urica, ciudad capital de la parroquia del mismo nombre del Municipio Pedro María Freites del Estado Anzoátegui, situada a 45 Km. al sureste de la población de Santa Inés, en los límites con el Estado Monagas, fue fundada el 17 de agosto de 1799 por el Capitán Pascual José de Guevara “a la que le dio el nombre de Villa de San Jacinto de Urica, según Plácido José Chacón en “Origen, Vida, Gloria y Trascendencia de Urica”, 1994. (pág. 28). Su población se calcula en unos 11.500 habitantes, aproximadamente.

    Cuna de notables hombres y mujeres, entre los cuales destacan el escritor, docente y quinto cronista de Urica, Don Plácido José Chacón; el historiador José Eduardo Guzmán Pérez; Pbro. Jesús María Guevara Carrera, insigne sacerdote y escritor del Estado Anzoátegui, cuarto cronista de Urica; el famoso indio, botánico y curandero Juan José Yaguarín Yaguare; el General Santos Carrera “El Caudillo de Guayuta”; el prócer de la Guerra Federal General Deogracia Rondón y su esposa Patricia Barreto, padres de los también generales: Maximiano Rondón Barreto “El Berraco”, poeta, escritor y tercer cronista de Urica, Alberto, Diego y Pedro Rondón Barreto.

    En esta población también nació uno de los héroes de la Guerra Federal, el General José Desiderio Trías Guzmán, quien ocupó la Presidencia de la República en 1864. Igualmente vino al mundo en Urica el general Domingo Monagas Marrero, quien fue encargado del Ejecutivo Nacional en 1868, hijo del General José Gregorio Monagas Burgos y de su segunda esposa, Clara Marrero, con la cual se casó en Urica.

    Aunque no nacieron en Urica, los generales Manuel Guzmán Álvarez y José Gregorio Monagas, estuvieron estrechamente relacionados con esta población, donde establecieron residencia. El primero, casado en Urica con Ana Muzzi Barrios, ejerció la presidencia de la República en 1898. El segundo, fue presidente de la República entre1851 y 1855. En su mandato decretó la libertad de los esclavos.

    Por su ubicación geográfica estratégica, en el centro de los Llanos Orientales, esta ciudad desde la Independencia en adelante ha sido epicentro de las actividades militares que han tenido lugar en esta región. Esta misma situación ventajosa le ha servido para el intercambio comercial de sus productos agrícolas y pecuarios-considerados de muy buena calidad-con las poblaciones circundantes.
    Uno de sus principales ríos, el Amana, aparte de beneficiar a Urica y otras poblaciones cercanas, surte de agua a la capital del Estado Monagas, Maturín, al igual que a otros de sus centros poblados.
    Más allá de los anteriores acontecimientos, la importancia y fama de Urica deviene de una de las siete batallas que a lo largo de su historia han tenido lugar en su territorio. Se trata de la célebre Batalla de Urica, realizada el 5 de diciembre del año 1814 entre las fuerzas patriotas conformadas por menos de 4000 integrantes, bajo el mando del General José Félix Ribas y las realistas con el temible Comandante José Tomás Boves a la cabeza de más de 7000 hombres, de la cual se cumplieron doscientos años el pasado 5 de diciembre.
    Antes de esta contienda se realizó la primera Batalla de Urica, el 12 de septiembre de 1814, entre Bermúdez con 248 hombres y Morales con 670, ganada por Bermúdez. Las otras batallas fueron: la de Altagracia (29-04-1870), la tercera. Se enfrentaron los generales Manuel Guzmán Álvarez y Deogracia Rondón con 295 hombres contra el general Cuervo, que contaba con 790 hombres. El triunfo correspondió a los primeros. Cuarta batalla: La Puente, el 20-02-1902. Quinta batalla: Las Lomas de la Viuda Paula, el 27-12-1915. Sexta batalla: la del cerro El Corazón, el 27-12-1915. Y la séptima batalla: Punta de Piedra, el 18-04-1914.
    Los uriqueños conmemoraron tan magna fecha en medio de los múltiples problemas que actualmente padecen: desabastecimiento y escasez de alimentos, inseguridad, apagones, falta de agua, deterioro de sus vías, pésimo servicio de salud, inflación cada día más alta, entre otros.
    A tal efecto la programación incluyó: ofrenda floral al Libertador en la plaza Bolívar de la localidad, desfile cívico-militar, presentación de diferentes corales del Municipio Freites, escenificación de la Batalla de Urica con la actuación de talentos locales a lomo de más de diez caballos, Sesión Especial de la Asamblea Nacional donde se aprobó un acuerdo en conmemoración del Bicentenario de la Batalla de Urica y la muerte de José Tomás Boves, en el que se nombró a la ciudad de Urica como capital del Estado Anzoátegui por un día, siendo la oradora de orden la joven estudiante Gloria Estefanía Cañas.
    Dicha sesión fue dirigida por el presidente de la Asamblea Nacional, diputado Diosdado Cabello, quien estuvo acompañado por autoridades y diputados tanto nacionales como estadales, con presencia de representantes del Poder Popular provenientes de diferentes ciudades de los estados orientales.
    El presidente de la República, Nicolás Maduro, a través de una carta emotiva fechada en este día aniversario, dirigida al pueblo de Urica, se sumó a estos actos. En ella, además de destacar la importancia de esta acción bélica y su influencia en la pérdida de la Segunda República, nos dice que “…también, caía en combate en Urica el Taita José Tomás Boves: se le atribuye al General Pedro Zaraza el lanzazo que le quitó la vida.”
    VENEZUELA EN DEUDA CON URICA
    Habría que decir que esta deferencia de la cual fue objeto el pueblo de Urica en esta ocasión bicentenaria no salda la deuda que tiene Venezuela con esta histórica ciudad, por haberse realizado en sus predios en el transcurso de esta batalla la muerte del temible Boves, con los consecuentes beneficios que esto acarreó para las fuerzas republicanas. Sin el influjo que ejercía en vida este caudillo hacia las masas desposeídas, éstas se volcaron en lo sucesivo a respaldar la causa republicana haciendo posible finalmente el triunfo total sobre el ejército realista en la Batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821, iniciándose así la independencia del dominio español.
    Posteriormente el 24 de julio de 1823, con la victoria obtenida por nuestros patriotas sobre la flota realista en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, terminó el largo dominio de España sobre Venezuela. PERDIMOS LA BATALLA PERO GANAMOS LA GUERRA.
    Urica se merece muchísimo más que los honores recibidos en esta oportunidad de parte del Gobierno Revolucionario Bolivariano, que lleva casi 16 años en el poder. Si de hacer justicia se trata con esta heroica e histórica población, un verdadero gobierno revolucionario no debió esperar la fecha del Bicentenario de la Batalla de Urica para hacerle este merecido reconocimiento.
    Más que nombrarla capital del Estado Anzoátegui por un día, cosa que ya se hizo durante los gobiernos de la Cuarta República (Según nos narra el cronista de Urica, el Maestro Don Plácido Chacón, en “Origen, Vida, Gloria y Trascendencia de Urica, 1994: el “…24 de julio de 1883, primer centenario del nacimiento del Libertador, Urica es designada (…) Capital Provisional del Gran Estado Bermúdez. (…) Urica es nombrada Capital por un día del Estado Anzoátegui, el sábado 18 de Agosto de 1.990.”); Urica merecía ser designada Capital Provisional de la República, así como también merece que todos sus problemas sean resueltos para mejorar la calidad de vida de sus moradores; que sea elevada a la categoría de municipio autónomo, una vieja aspiración por la que han luchado sus habitantes, entre ellos su cronista Don Plácido Chacón; que sea designada patrimonio histórico de Venezuela; que se le construya un museo para preservar para la posteridad toda su memoria histórica.
    Por eso compartimos lo expresado por la vecina de Urica, Rosa Rondón, presente en los actos referidos, quien dijo: “Durante todo el año aquí hacen muy pocas cosas, pero cuando se aproxima diciembre hacen alguito, porque saben que van a realizar actos y vienen personas de todas partes. Es importante que se recuerde la historia y lo que aquí sucedió, pero este pueblo necesita muchas cosas”. (Diario El Tiempo, Puerto La Cruz, 06-12-2014).
    En lo que se refiere al desarrollo de la acción bélica homenajeada, tomamos del relato de la misma, escrito por un patriota que estuvo directamente bajo el mando del Generalísimo Francisco de Miranda y de Simón Bolívar, algunos fragmentos. José De Austria, “Bosquejo de la Historia Militar de Venezuela en la Guerra de su Independencia”. Tomo Primero. Valencia, 1857 (pág. 340)
    Llegados los patriotas a competente distancia, dispuso Ríbas que los cuerpos de Zaraza y Monágas, abriéndose impetuosamente paso por ambos flancos del enemigo, saliesen á retaguardia de su infantería (…) “Bóves inmóvil, como si le preocupase un grave pensamiento, se estuvo á aguardar el ataque, viéndose con sorpresa que, por la primera vez, se abstuviese de prevenir á su enemigo. Valeroso, empero, como siempre, se colocó á la derecha, por ser aquel flanco el mas débil de su línea. Sobre él cayó Zaraza con tal ímpetu y coraje, que sobrecojidos [sic] los realistas, volvieron la espalda en el desórden mas completo: entónces fué cuando Bóves, después de haber hecho los mas heroicos esfuerzos para detener á los suyos, quiso retirarse; su caballo indócil á la voz y al freno, se encabritó, y un oscuro soldado republicano, cuyo nombre jamas se ha podido descubrir, le atravesó el pecho de un lanzaso [sic], derribándole en el acto al suelo, muerto.
    Esta narración de la Batalla de Urica es coincidente con las de otros autores. También hay acuerdo en cuanto a que los resultados catastróficos para las fuerzas republicanas marcaron el final de la Segunda República, y dejó bajo el control absoluto del ejército realista el territorio venezolano. En contraste con esto la muerte del sanguinario Boves le puso un límite al respaldo popular a las filas enemigas de la Independencia, a la vez que creó las condiciones propicias para que el vacío de liderazgo dejado tras su desaparición física fuera sustituido por el surgimiento de un nuevo caudillo, esta vez al servicio de la Patria: José Antonio Páez; a quien entonces se unieron los sectores empobrecidos que antes apoyaron al asturiano fallecido.

    ¿QUIÉN MATÓ A BOVES?
    En lo que si hay discrepancias entre los historiadores es en cuanto a quién fue el autor de la muerte de Boves, ya que este hecho ha sido atribuido a diferentes personas que participaron en la batalla. Estas son algunas de las versiones sobre su fallecimiento:
    Ramírez, Juan J. La muerte de Boves en Urica. Semanario El Maturinés (1972). Se disputan la muerte del sanguinario Boves el cabo Juan Sotillo, Zaraza, el Negro Mina y Cedeño.
    Valdivieso M, Acisclo (1955). Nos dice que el soldado Pedro Martínez, integrante del escuadrón “Rompelíneas” de Zaraza, mató a Boves de un lanzazo.
    PÉREZ T, Tomás (1969) En cierta ocasión hizo acto de presencia en las oficinas del gobierno republicano en Angostura un ciudadano de nombre Nicolás Silva, quien aseguró haber participado en la Batalla de Urica como soldado, siendo él mismo, con sus manos, quien acabó con la vida de Boves. Esta aseveración fue desestimada por cuanto el mentiroso personaje fue incapaz de probarla.
    Uslar P, Juan (1972). Señala como posibles causantes de la muerte de Boves al General Andrés Rojas, al General Pedro Zaraza y a Francisco Tomás Morales, según tres versiones expuestas en su obra.
    Zaraza, Lorenzo (1933) Afirma que Boves fue muerto por Zaraza con una mortal lanzada por el pecho.
    Betancourt M, Fidel (2010). Sostiene que Zaraza alanceó a Boves, situación aprovechada por un soldado para también alancearlo dejándolo agonizante hasta que fue recogido y trasladado a otro lugar, donde fue rematado por Morales.

    Mientras existen estas opiniones encontradas entre los historiadores acerca de la muerte de Boves, la creencia popular en todo el país con un alto nivel de certeza, en especial en los llanos de los Estados Guárico, Anzoátegui y Monagas, es que el autor de la muerte de Boves fue Zaraza.

    Esa convicción fue la atmósfera que rodeó los actos del Bicentenario de la Batalla de Urica, donde algunas autoridades presentes se manifestaron en ese sentido. Es el caso del diputado Diosdado Cabello, Presidente de la Asamblea Nacional, quien aseguró (Diario Panorama, 5-12-2014): “Zaraza venció a Boves con todas las de la Ley. No le echen la culpa al caballo de Boves todos los historiadores”.

    Por su parte el Gobernador del Estado Anzoátegui, profesor Aristóbulo Istúriz reivindicó la figura de Zaraza (Periódico El Norte, 6-12-2014) de quien destacó es “ejemplo de los hombres y mujeres de esta patria y que participó de forma inminente en aquella batalla del 5 de diciembre de 1814”. Ninguno de estos dos dirigentes fue contundente en estas afirmaciones en cuanto a la autoría de Zaraza en la muerte de Boves, sin embargo se puede decir que de alguna manera lo insinuaron.

    En el caso del presidente Nicolás Maduro, éste va un poco más allá de estas opiniones cuando refiere en la carta ya comentada: “se le atribuye al General Pedro Zaraza el lanzazo que le quitó la vida”, emulando así al presidente Hugo Chávez que ya había dicho en el programa nro. 212 – Aló Presidente, desde el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores, el domingo, 13 de febrero de 2005:
    Muere Boves en Urica, lo mata Pedro Zaraza de un lanzazo, vamos a recordar también a mi general Pedro Zaraza y aquella expresión, allá, cuando estaba, dicen que estaba afilando la lanza y mirando la sabana de Urica, allá estaba Boves y Pedro Zaraza, dicen en Urica: “O se rompe la Zaraza o se acaba la bovera.” Dos horas más tarde estaba muerto José Tomás Boves de un lanzazo en el pecho, lo mató Pedro Zaraza, lo fue a buscar, lo cazó entre la masa de caballería y lo alanceó de frente, en combate memorable, personal, era el Jefe de patriotas contra el Jefe de la masa popular.

    Como vemos, sobre la muerte de Boves se han formado diversas y contradictorias opiniones en la historiografía venezolana, en tanto que a nivel popular la situación es distinta; el común de la gente siempre se ha inclinado a creer que fue Zaraza el que lo mató. Y es que quienes así piensan tienen razón, pues en el caso de la muerte de Boves, desde hace mucho tiempo se conoce con certeza que fue Zaraza el que puso fin a la vida de este ser despiadado, sustentado en un testimonio que así lo demuestra, pero que es poco conocido.
    Fue el mismo Zaraza quien aclaró el misterio que había envuelto tan comentado fallecimiento. Finalizando el año 1922, habiendo transcurrido 8 años de la Batalla de Urica, en un apartado lugar del Estado Guárico donde estaba residenciado, Zaraza reconoció públicamente ante un grupo de personas que él había dado muerte a Boves.
    Los detalles de esta anécdota son dados a conocer, por primera vez, por el prestigioso escritor de Maturín, Dr. José María Núñez, en la obra “APOTEOSIS DE BOLÍVAR”, publicada en Caracas el año 1883 en la imprenta al vapor del diario caraqueño “La Opinión Nacional”, ubicado frente a la Plaza Bolívar y dirigido por Fausto Teodoro de Aldrey, como ofrenda del Estado Bermúdez en el Primer Centenario del Libertador.
    Uno de los temas seleccionados para formar parte de este libro, bajo la firma de Núñez, se titula “APUNTES HISTÓRICOS Y ESTADÍSTICOS CONCERNIENTES AL ANTERIOR ESTADO, HOY SECCIÓN DE MATURÍN EN EL ESTADO BERMÚDEZ”, y uno de sus capítulos, el N° 5, con el nombre de “LA MUERTE DE BOVES” nos dice:
    Hasta ahora ignora la República quien fue el arrojado campeón que alanceó á uno de los más valientes, prestigiosos y bárbaros jefes españoles, José Tomás Bóves, arrebatándole la vida. Hecho de tamaña importancia no debe quedar desconocido en la historia de la Independencia de Venezuela; y hé aquí como un accidente casual vino á revelarlo.
    En Noviembre de 1822 se encontraba el señor Comandante Antonio Padilla Urbaneja, Ilustre Prócer, en el sitio de Apamate, Sección Guárico, en compañía del General Zaraza cuando en una mañana se presentó allí un hombre blanco, alto, de apellido Delgado, y de regular porte, con algunas cargas de café, cacao y papelon procedentes de los Valles de Orituco, que había negociado por aquellos lugares. Zaraza, dotado de una prodigiosa memoria, al verlo le dirigió inmediatamente la palabra; y hé aquí el diálogo entre ámbos sugetos [sic].
    Zaraza- ¿No sabe usted qué hombre mató a Bóves, puesto que usted era uno de los que venían á la cabeza de las caballerías godas?
    Delgado- Quien mató á Bóves fue la misma persona que me lo pregunta.
    -Me parece que está usted equivocado, porque usted no me conocía ántes.
    -He tenido ocasion de verlo á usted varias veces en Chaguarámas y el Valle de la Pascua, antes de que fuera usted militar.
    -Eso es otra cosa; pero se duda hasta ahora quién fuese el autor de la muerte de Bóves.
    -Voy á probarle que fué Usía, de modo que no le quede duda. Yo iba á la cabeza de la caballería goda y á la derecha de Bóves: á la izquierda de éste, un zambito ñato, muy acreditado de valiente, llamado José, á quien aquel dijo al ver que la caballería de Usía venía sobre él: José, ¿tú serás de los primeros conmigo? Contestándole: ¬Si, señor. Entónces Bóves dijo: ¬avance esa caballería y se colocó á su cabeza. Venía Usía montado en un caballo rucio azul, de cobija calada echada sobre el hombro izquierdo, y el sombrero amarrado á la barba con un pañuelo.
    -Exactamente.
    -Bóves se adelantó y se encontró con Usía, que le derribó del caballo de un lanzaso [sic], y en la confusion que esto produjo, por el fuerte empuje de la caballería de usted, nos pusimos en completa derrota, no oyendo sino el crugido [sic] de las lanzas en el cuerpo de nuestros compañeros. Yo me confundí con los patriotas dando gritos de “avancen,” y pude así escaparme é ir á incorporarme en la ala izquierda de nuestro ejército, donde ví que la caballería de Monágas había sido derrotada y la infantería patriota también. Después no supe la suerte que corriera el espaldero de Bóves, ni lo volví á ver más tarde en el ejército en Maturin cuando ocupamos aquella plaza.
    -Reconozco que usted dice la verdad, pues en efecto fui yo quien le quité la vida á Bóves, á quien conocia perfectamente desde el año de 1813; y es esta la primera vez que lo digo, porque nunca he querido hacer ostentación de tal hecho, que pudiera atribuirse á jactancia de mi parte, y por lo cual deseo que esto no pase de nosotros.
    -Lo que acabo decir se lo he referido á varios en los Valles de Orituco; pues habiendo presenciado los asesinatos cometidos en los prisioneros en Urica, resolví no servir más á los españoles y me retiré a Orituco.
    “Este diálogo, añade Padilla Urbaneja, fué presenciado por el Comandantes Bartolo Alfonzo (ó Bartolete), el Comandante Domingo Padrino, los espalderos de Zaraza, Valerio Muñoz y Anselmo Hernandez, Don Lorenzo Ramírez y yo; advirtiendo que el escuadron que mandaba Zaraza en Urica se denominaba “Rompelíneas”, compuesto de 200 hombres de Chaguarámas y el Alto Llano de Carácas; que aunque estos vieron que Zaraza derribó de un lanzaso á un jefe ú oficial enemigo, ignoraban si era Bóves el muerto; que fue después de la derrota que vinieron á saberlo por un posta de Moráles, participando a Carácas el triunfo obtenido sobre los patriotas y la muerte de Bóves; posta que fué capturado por Zaraza y le perdonó la vida.”
    Más adelante se vuelven a publicar estos “APUNTES HISTÓRICOS Y ESTADÍSTICOS CONCERNIENTES AL ANTERIOR ESTADO, HOY SECCIÓN DE MATURÍN EN EL ESTADO BERMÚDEZ”, del Dr. José María Núñez, esta vez con el nombre más corto de “MATURÍN HASTA 1883”, publicado por Ediciones Cultura del Estado Monagas, Volumen IV, Maturín, 1956.
    Llama la atención que el anterior diálogo sostenido entre Zaraza y Delgado, una vez hecho público, haya sido ignorado por la mayoría de los historiadores venezolanos. Más aún si el mismo se dio en presencia de un grupo de testigos, varios de ellos compañeros de lucha de Boves, y además participantes en la Batalla de Urica como sus espalderos, por lo tanto conocedores de lo que realmente pasó ese día, razón por la cual avalaron lo dicho por Zaraza en el sentido de haber sido éste quien mató al Taita.
    Entre los pocos escritores que han hecho mención a dicha conversación están:
    Telasco A. MacPherson. “Diccionario Histórico, Geográfico, Estadístico y Biográfico del Estado Miranda”. Caracas. El Correo de Caracas, 1891. En la biografía del General Pedro Zaraza (págs. 531 a 532) incluye íntegramente el diálogo Zaraza-Delgado, tomado de la obra del Dr. José María Núñez.
    Juan Uslar Pietri. “Historia de la rebelión popular de 1814”. EDIME. Caracas-Madrid. 1962. Reproduce parcialmente el comentado diálogo, tomado de MacPherson (Págs. 184 a 185).
    Francisco Salazar Martínez. “Historias civiles e inciviles”, editado por Librería Piñango, Caracas, 1978. Con el título: “Zaraza reconoce que él mató a Boves” (pág. 83) este autor reproduce el diálogo entre Zaraza y Delgado tomado del libro “Zaraza, desde una esquina con faroles” escrito por el cronista de la ciudad de Zaraza, Moisés Rodríguez, editado por Publicaciones Vale Juan González, 1972.
    Ante la imposibilidad de encontrar esta última obra para consultarla, hicimos contacto vía telefónica con su autor, el cual nos informó que antes del año 1972 encontró el mencionado diálogo bajo la firma del historiador Dr. José María Núñez, en el local de la Imprenta El Unare, adquirida por Luis María Aguirre Graterol el año 1881, donde se editó el primer periódico de la ciudad de Zaraza con el mismo nombre de esta imprenta.
    Juan José Ramírez, Cronista de la ciudad de Maturín, reproduce el diálogo referido en su libro “Monagas y su saber tradicional”. Biblioteca de Temas y Autores Monaguenses, Ediciones Gobernación del Estado Monagas, Maturín, 1985. Titulado: ¿QUIÉN MATÓ A BOVES? (Pág. 213 al 216) se incluye el diálogo Zaraza-Delgado, copiado en su totalidad de su original publicado por el Dr. Núñez en el texto antes mencionado.
    El cronista Ramírez nos dice que esta versión sobre la muerte de Boves fue recibida por el historiador Núñez “…personalmente del anciano prócer comandante Antonio Padilla Urbaneja, quien residiera en Maturín hasta su muerte, formando una respetable familia entre quienes hemos tratado a algunos de sus miembros como las honorables hermanas Sérres Domínguez”.
    También el Diario El Progreso, de Ciudad Bolívar, en su edición del día Domingo, 13 de Diciembre del 2009, en la columna Voces del Orinoko, con el título: “Zaraza y la muerte de Boves”, publicó el diálogo en referencia, reproducido del libro “Zaraza desde una esquina con faroles”, de Moisés Rodríguez.
    No puede haber ninguna duda acerca de la persona que mató al Urogallo, en un acto de justicia ante los horrendos crímenes cometidos por tan inhumano personaje. FUE ZARAZA QUIEN MATÓ A BOVES.
    P. D.: Estas notas forman parte de un trabajo de historia local y regional, en preparación, sobre el rescate de la memoria histórica de los Rondón de Urica, unos personajes que tuvieron una destacada actuación en defensa de esta población, al igual que en las acciones militares de las guerras civiles que se realizaron en los Llanos Orientales en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX. Para lo cual contamos con la valiosa colaboración de Agustín Hidalgo Rondón, biznieto del General Pedro Rondón Barreto, a su vez hijo del General Deogracia Rondón.
    Caracas, 11 de diciembre de 2014
    victorbelis37@gmail.com
    0414-2483325

  11. A propósito del Bicentenario de la Batalla de Urica
    FUE ZARAZA QUIEN MATÓ A BOVES
    Por Víctor Belis
    victorbelis37@gmail.com
    0414-2483325
    http://tercerainformacion.es/spip.php?article78576


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    Esta Sección complementa la Sección “Bolívar un Enigma Americano” donde se presentan artículos referidos a la magia y el misterio que envuelven la Gesta Libertador de Simón Bolívar. Ambas Secciones constituyen un legado del Libertador, que ahora está al alcance del CIBERESPACIO, para profundizar en la BOLIVARIANOLOGÍA, como yo llamo a esa ciencia inédita que nos introduce en el interesante pasado americano, donde ese venezolano de nacionalidad continental llamado Simón Bolívar, fue el redentor de la extintas civilizaciones americanas, para convertirse en un Mesías que nos trajo, no sólo la libertad, el gentilicio y la nacionalidad, sino la Doctrina de una Religión que profesamos todos los nacidos o asimilados a estas prodigiosas tierras americanas: el BOLIVARIANISMO Por: Jorge Mier Hoffman